Reuniones trampa
Últimamente estoy asistiendo a reuniones un tanto extrañas y surrealistas. De esas que sólo sirven para cargar contra los demás las ineficiencias propias, ladrando en vez de aportando las ideas suficientes y las soluciones adecuadas para poder desatascar los problemas y sólo para juzgar y clamar a los culpables en vez de encontrar la dirección adecuada para trabajar en equipo.Cuando hay un problema, siempre tiene que haber un culpable y desafortunadamente nunca somos nosotros mismos. Siempre hay algo que cargar contra los demás, indudablemente somos el centro de nuestro universo y por lo tanto podemos arremeter y justificar nuestra falta de profesionalidad contra los demás. Además, si estamos en una posición desigual de poder, siempre podemos abusar de ella.Esta semana ya he tenido tres reuniones de esta índole y cuando escribo estas líneas apenas estamos a martes! Parece que los problemas siempre llaman a la puerta al grito de: “POLICIA! ABRAN!” y allí me tenias a mi buscando que es lo que tengo que tirar por el retrete: ¿al becario?.La cosa es tan sencilla, como agendarnos de buenas maneras una reunión, hoy en día en el flujo de trabajo es lo más normal. La cosa cambia, cuando una vez en ella, te das cuenta que los buenos modales cambian a unos decibelios más elevados y como en concierto de rock la gente comienza a asentir con la cabeza mostrando su acuerdo, justo en ese momento te das cuenta del acantilado que tienes a tus espalda y la daga que te presiona para saltar, entraste en una reunión de lobos.Lo bueno de estas reuniones sorpresas es que piensan que te van a pillar infraganti y vas a llorar como adolescente con revista porno pillado por los padres, asumiendo tu parte de culpa, bajo los ojos incansable del supervisor de turno, del que grita más. A estas reuniones siempre se va con el artista invitado para demostrar de cuanto poder se dispone y sobretodo como ejercicio de superioridad.Lo más normal sería dar los buenos días, levantarse y proceder a dejar el espacio suficiente entre la puerta que se cierra y su desconcierto. Pero la bravuconería no tiene límites ni vergüenza y siempre acaba por mostrar la realidad de lo que está pasando, sólo hay que estar callado y atento a lo que están gritando. Un consejo: apunta las cosas que quieras rebatir, aunque luego no valga la pena hacerlo, siempre desconcierta si te ven tomando notas.Una vez que hayan acabado y crean que te sientes de lo más minúsculo en tu silla, solo en el desconcierto y la culpa, es cuando realmente comienza la batalla, esto del principio sólo han sido fuegos artificiales por su parte, puro teatro para impresionar y descargar. En ese momento es cuando hay que actuar. En un tono calmado y tranquilo, comenzar la exposición.¿Y que dices? Fácil. A diferencia de ellos, tienes un sistema GTD que te permite estar al corriente de todo lo que ha pasado, del por que de las cosas, su existencia, su proceso, su seguimiento y con lo cuál, bajo cualquier demanda de culpabilidad, el que tiene todo el conocimiento de la información eres tú. En caso contrario o algo falla en tu sistema o te has equivocado de reunión.Con la sencillez que garantiza a GTD, puedes comenzar dejando los hecho en su bandeja de entrada, procesarlos sentado desde tu silla, haciéndoles cambiar su visión de las cosas, lo organizas con sutileza marcando la realidad, esto es de fulanito, esto es de menganito, esto es tuyo, omites la parte de hacer y pasa directamente a la revisión, aportando soluciones, creando nuevas tareas y delegándolas en tus increpadores. Con lo cuál, terminas la reunión sabiendo todos que no ha sido tu culpa, incluso dudando que no hayan sido culpa de ellos y encima has conseguido cargarlos con algunas tareas que se llevan para realizar por que tu has aportado las soluciones.Si, vale, suena muy bonito aquí escrito. Pero es que es así de sencillo. Cuando tenemos un sistema GTD actualizado, perfeccionandolo constantemente, que ha sido adaptado a nuestras necesidades y somos rigurosos en su ejecución, los problemas que se escapan o los errores que cometemos son minúsculos y cuando se escapan somos capaces de autoculparnos nosotros mismo y reparar el error que hemos creado. Por ello, cuando alguien intenta increparnos un error que nosotros “desconocemos” es por una falta de profesionalidad por su parte. No hace falta que nadie nos juzgue por nuestros errores, nosotros mismo ya lo hacemos con más culpa de la que puedan darnos, lo que si no podrán hacer nunca es encerrarnos o acorralarnos. No tienen la suficiente información o argumentos para hacerlo y si los tienen, carecen de fundamentos y fácilmente son derrocables.Confía en tu sistema GTD, él te ha dado la fuerza para llegar al nivel de profesionalidad que tienes actualmente y que iras progresando, ellos no.
Publicado el 20100121