Que se siente al romper la cadena
Uno de los compromisos y de los hábitos que he impuesto en mi nueva vida GTDiana ha sido la tarea de escribir todos los días, una cadena que se conoce como Cadena Seinfield y que es bastante efectiva para crear hábitos. Cumplirla cada día requiere un pequeño esfuerzo que a veces sale solo y otras requiere de un pequeño empujón e creatividad. Ayer lunes, rompí la cadena.En un intento de autoevaluación cometí un acto vil de sabotaje, rompiendo a fuerza la cadena que muy ciegamente estaba cumpliendo. Fue un acto de procrastinidad calculado, para medir mi capacidad de desánimo y mi fortaleza para volver a emprender la tarea diaria. Aunque fue fácil procrastinar la tarea de escribir, me motivaba la necesidad de encontrar esas emociones que han ido encerrando el desarrollo diario del GTD.Así que en el momento que habitualmente destino para escribir parte de los post, lo dediqué a desperdiciarlo en un alarde de improductividad, sabiendo con toda certeza que el vacío que estaba dejando era un hecho consensuado con la libertad de pensarlo y el libertinaje de dejar pasarlo.Después de la rebeldía, la única constancia era el vacío que quedaban en la pantalla de la bitácora y un gusanito en mi interior que gritaba a toda voz: “has roto la cadena” y para ese día no pude marcar la tarea como realizada. Dejar un día vacio, descorazona y más sabiendo que puede existir en el futuro otra posibilidad de que eso vuelva a suceder. Sentir que no has hecho todo lo que podías llegar a hacer es como dejar las cosas totalmente a medias y lo peor es que tu conciencia está ahí para remarcártelo.A nivel físico, sólo hay un lapsus de tiempo desaprovechado. A nivel síquico ese daño es mucho mayor. Después de tanta lucha, de tanto esfuerzo, una pequeña mancha ensombrece el transcurso de la cadena y más si es un acto que es de dominio público y cualquiera puede reprocharte la ausencia de ese esfuerzo. No hay que buscar la perfección, pero si conseguir realizar y finalizar la tarea de la forma en la cual está prevista.Este pequeño experimento me indica lo unido que estoy al método de GTD y la resistencia natural que opongo a todo lo que no sean esos cinco pasos, así como sus claras consecuencias que conozco al dedillo. La procrastinación no puede ser un acto deliberado y si es espontáneo debe ser controlado para minimizar los efectos secundarios y los propios sermones internos. Hemos de ser capaces de encontrar la motivación con las herramientas y técnicas que ya conocemos. Porque al final, lo que nos queda después de haber aplazado o negado una tarea es una pérdida de tiempo ocioso que no ha servido ni como circo para nuestros sentidos.Mi post número cien y lo celebro no escribiéndolo, así este post podrá ser el ciento uno.
Publicado el 20090605