Priorizar, un mal sistema de productividad
Cuando uno tiene muchas acciones ante si, lo primero que acaba haciendo es lo que más le urge. Surge el sistema natural de supervivencia entre hundirte un poco más dentro de las acciones o ir adelantado todos esos fuegos que has ido procrastinando. Por eso, llegados a ese extremo de elección uno tiene a priorizar según valores ajenos.Priorizar una acción sobre otra no tiene ningún sentido. Estamos cayendo en una escala de valores que seguramente no nos corresponde y en el momento menos adecuado. Atosigados por la presión externa o por un empuje interno de autovalor, escogemos y con suerte erramos menos catastróficamente.A las acciones o los proyectos no podemos otorgarles prioridad, todos tienen que ser iguales, marcarlos con alguna diferenciación implica un acercamiento hacia la procrastinación de otros proyectos. Las emociones, las presiones, las afinidades deben quedar relegadas a un espacio de nodecisión.Priorizar será sinónimo de descontrol, porque las prioridades varían a lo largo de las interrupciones y lo que ahora nos parece la mejor acción que cumplir, veremos como pierde su valor dentro de un espacio corto de tiempo. Algo mucho más importe y por lo tanto impositivamente priorizable debe ocupar nuestro tiempo, ascendiendo por una pirámide que cada vez está más inclinada.¿Que conseguimos entonces con priorizar? Conseguimos acallar todas esas presiones internas, conseguimos encontrar un camino que no sabemos escoger, perdemos la posibilidad de realizar la mejor acción por otros muchos valores que se adaptan mejor a nuestro contexto. Priorizar se transforma en la última elección, en el capricho del azar.Pasa saber que es lo que hay que realizar, lo primero que debemos tener claro es en que contexto estamos, nos es lo mismo priorizar en plena calle, en la oficina, en la estación de tren. Por mucho que haya un proyecto en llamas, poco podemos hacer si entramos a reunión con un cliente.Una vez ubicados en nuestra realidad, nos centramos en la constante tiempo. No como unidad de medida, sino como una herramienta más para la decisión correcta. Así pues, si para realizar el informe necesito dos horas, seguramente no seré capaz de hacerlo en media, por mucho que me lo esté pidiendo mi responsable. Si para realizar ese programa necesito cuatro horas, tal vez después de comer pueda agendarme un bloque para realizarlo.La decisión varía según mi estado personal. Principio de la mañana, después de una copiosa comida, a la una de la madrugada, después de salir o intentar ir al gimnasio. Que capacidad física y psíquica dispongo para afrontar las acciones que tengo ante mi. Conociendo la capacidad de uno mismo establecemos los límites de nuestra resistencia y la operatividad de nuestras acciones.Si aun queda dudas de que es lo que hay que realizar, David Allen propone la decisión por prioridades, pero no como un cuadrante de decisión, no como una imposición por valores ajenos o propios, sino con una sencilla aplicación de obtención de resultados, por ejemplo con un Pareto.Comenzar el día, decidiendo por prioridades, es engañarse a uno mismo. Huye de las prioridades que sólo harán que esclavizarte.
Publicado el 20120124