No lo he hecho

Hoy revisas tus listas de tareas, sabes perfectamente que es lo que tienes que hacer, sabes que debes concentrar tu tiempo en determinadas porciones para llegar a conseguir unos hitos relativamente fáciles que permiten avanzar tu proyecto y lo haces con más o menos dificultad. Sabes que después de una tarea viene otra y que esa es la única forma de trabajar, es la manera más viable para concentrar tu esfuerzo en resultados visibles y palpables, ya sean por uno mismo como en beneficio del equipo.Esto seguramente suena cotidiano y es de lo más trivial, por no decir de sentido común, aunque a mí no me gusta utilizar mucho ese sentido porque he descubierto la gran carencia que existe en el mundo de ese sentido tan necesario. Cuando los proyectos son propios, resultan fáciles de conseguir, el problema radica en encontrar las siguientes acciones y realizarlas en el tiempo que les corresponde. Cuando trabajas en equipo es cuando uno siente que está en lo alto del trapecio esperando inútilmente a que alguien salte a sus manos.Realizas una tarea, la haces lo más bien que sabes y ofreciendo el justo esfuerzo, una vez que necesitas contrastar esa tarea o tienes que vincularla con otra que no depende de ti, es cuando ves que ni estas en un circo, ni sin trapecio y simplemente te encuentras flotando en la inmensidad de la oscuridad.Es bien sabido que sincronizar el ritmo de trabajo de las personas es bastante difícil, encontrar el momento justo de sincronizar las tareas unirlas y que están degeneren en nuevas tareas o finalicen un proyecto, no es nada fácil. Es una cuestión de pactos entre los interlocutores, decidir un punto medio donde encontrar el trabajo y ver cómo crecen los resultados. Para eso están las fechas de compromiso, de las cuales la gran mayoría se las pasa por… bueno, como a Pepe Rubianes (somos todos!) con la unidad de España.La gente se compromete e incumple deliberadamente las fechas, llegado el momento es incapaz de haber cumplido con unas sencillas especificaciones pactadas y luego nos “enfadamos” porque hemos desarrollado nuestra tarea en el tiempo indicado y luego nos encontramos que nuestro esfuerzo sólo sirve para que el proyecto se quede a la espera hasta que el otro termine su parte.Por ello, antes de enfadarme conmigo mismo he establecido dos protocolos en cada proyecto que realizo en equipo con fecha pactada:1.- Una vez que pactamos la fecha de compromiso, averiguar su reacción de la misma. Si existen dudas en su conformidad, alargarla en un plazo razonable para ofrecer un poco de tiempo extra.2.- Crear unas sondas con el compañero, para averiguar en qué grado de avance se encuentra. No dejarlo nunca en soledad avanzando en su trabajo, de esta forma podemos medir y detectar los posibles retrasos o adelantos.Con estas dos pequeñas tareas he conseguido detectar y arreglar faltas de compromisos en mi entorno y me sirven para evitar que mi estrés se acumule en la falta de dedicación que tiene cierta gente cuando afronta su trabajo.

Publicado el 20090612