Mi estrés confesado

El estrés es ese monstruo que sale del armario de mi mente cada vez que siento miedo. Es fiel a mi alma y allí donde vaya, él ya ha llegado antes. Se encuentra presente en mi día, en la cotidianidad de las pequeñas acciones. A veces tan pequeño como una hormiga, tan manejable y destructible. A veces tan grande como una montaña, inamovible y duro, que cae en forma de losa sobre mis expectativas e ilusiones, transformando lo que soy en un manojo incesante de rápidas y malas decisiones, en un vaivén de carreras y prisas. Así soy yo bajo el estrés, así somos todos, con matices personales, con ese monstruo excarcelado.No importa el momento, la ocasión, el contexto, el estrés está ahí latente. Ya sea en pleno trabajo, con un montón de correos asfixiantes, con unos informes atrasados, con un producto que no sale, con un desarrollo encallado. Bajo cada línea, bajo cada byte, bajo cada papel consigue ocultarse, haciéndose cada vez más y más grandes. Infatigable e ilimitado por devorarnos, víctimas de nuestro propio sabotaje moral, convertidos en apariencias de algo que al final, sabemos que nos va a controlar.Cerramos los ojos y no queremos verlo, nos autocomplacemos con falsas expectativas de dejarlo pasar, de no tomar ninguna acción, no somos capaces de afrontar todo lo que ese monstruo va arrasando y consumiendo en nuestro interior. Pasará sobre nosotros y nos atormentará allí donde viven cada una de nuestras debilidades, creciendo y creciendo.Nuestras responsabilidades crecen y no somos capaces de dominarlas, el entorno cada vez se complica más y nos abandonamos a los designios divinos que se materializan en compañeros agresivos exigentes con algo que nos está superando. Fustigados con nuestro propio látigo que regalamos, aun sabiéndolo, queremos sufrir porque no somos capaces de encontrar la solución más allá del olvido, de esperar a que todo haya pasado.Así soy. Así somos. Así nos vamos creando. Este es mi monstruo particular que aun no he conseguido vencer, al que le he visto la cara de cerca y he decidido reunir la valentía suficiente como para plantarle cara, afrontar mis miedos para salir de ese pozo sin fin de agotamiento físico y mental. No resulta fácil hacerlo, pero se que soy capaz de conseguirlo. Me he apoderado de las suficientes armas para hacerlo, lo he visto actuar y me he reconocido en cada uno de mis miedos. He afilado las armas y las he adecuado para cada batalla. El tablero continúa siendo el mismo: yo en estado puro.Sé que nunca voy a vencerlo, sé que siempre estará ahí, plantando batalla, pero también sé que forma tiene, se como muerde, como ataca, como se jacta cada vez que tropiezo, reconozco que habrán nuevas caídas y aprenderé de ellas, porque él continuará con su vieja cantinela, imparable y repetitivo. Al fin y al cabo forma parte de nuestra propia naturaleza.GTD no me ha liberado de ese monstruo. GTD no me ha puesto un escudo mágico capaz de aislarme de esa fiera. GTD no es la salvación ni la panacea. GTD es mi nuevo sentido común redescubierto, esa bofetada que David Allen me ha dado a través de la sencillez de su libro, abriéndome los ojos de todo lo que hay delante de mi, esa realidad que nos negamos a ver.Sigo y seguiré teniendo estrés, no voy a negarlo, pero tampoco voy a esconderlo. Ahora tengo una buena excusa para plantarle cara en cada momento. Yo estoy preparado, ¿lo estará mi estrés?
Publicado el 20101015