Mantenimiento de un hábito

Todos somos capaces de entender la funcionalidad de un hábito, basado en la constancia, la asimilación y el proceso natural de aceptación por nuestro sistema que lo lleva a niveles cognitivos, para convertirlo en un alargamiento de nuestro forma de ser. Un hábito en su estado puro forma parte de nuestro yo más profundo.Crear ese hábito no es sencillo, debe existir una motivación, un periodo de aprendizaje, una constancia y al final, lo único que nos queda es la pura acción realizada por nuestra voluntad más inmediata. Pintado con estas palabras resulta sencillo. Pero requiere de un gran esfuerzo físico y psíquico, pues somos valientes de corazón, pero hábiles mentirosos con nosotros mismos.Se requiere un mínimo de treinta días para llegar a conseguir transformar un pensamiento en un hábito involuntario, en una acción cotidiana impulsada por nuestra mente no razonable. Le dedicamos una gran cantidad de energía, esfuerzo y muchas veces dinero en complacer a nuestro ego y autoanimarnos para llegar a conseguir hazañas importantes.El problema, radica en que ese hábito se deja en la oscuridad de nuestra mente, a merced de todos los demás pensamientos y con lo cuál, debe luchar a diario con el resto de acciones cotidianas que suceden y realizamos sin apenas darnos cuenta. Esto, es una desventaja, pues nos estamos minando a nosotros mismos, después de haber conseguido implantar el hábito.No podemos caer en la trampa de dejar desamparado ese hábito, pues al no dedicarle tiempo consciente lo único que conseguiremos será destruirlo y perderlo en el recuerdo de haber tenido una oportunidad de realizar las acciones y ahora no acordarnos o no acabar de acostumbrarnos. Un dulce veneno que nos seduce constantemente si no prestamos atención al hábito.El hábito nunca puede quedarse sólo, siempre lo hemos de acompañar con una parte consciente o al menos, crear los puntos de control necesarios para salvaguardar su integridad, reeducarlo y seguir ejerciéndolo como es nuestro derecho.Si lo piensas fríamente, es muy fácil conseguir crearlo, con lo expuesto anteriormente el proceso es una cuestión casi de tiempo. Pero al otro lado del filo, nos encontramos que este se pierde con la misma facilidad con la que se ha aprendido y nos deja con cara de perplejos cuando comenzamos a errar en su ejecución o misteriosamente lo echamos en falta.El hábito por si mismo es autodestructivo, tienes miles de ejemplos en tu propia experiencia que avalan estas letras. Lo único que puede marcar la diferencia entre hacerlo perdurar o ser olvidado es la propia capacidad para mimarlo. Con un poco de atención, no sólo conseguiremos perfeccionarlo, si no que seremos conscientes de la importancia del proceso y la necesidad de hacerlo perdurar.Por ello, cada vez que comiences con un hábito, debes ser consciente de las implicaciones necesarias para mantenerlo y establecer los puntos de control, periódicos, así como evaluación para convertirlo en una acción verdaderamente útil. Sin ese control, todo tu esfuerzo seran buenas intenciones.

Publicado el 20100203