Intimista
¿Vale la pena enseñar GTD? Esta es una pregunta que últimamente me estoy formulando con demasiada frecuencia. Durante todos estos meses que vengo practicando GTD, mi entorno personal y laboral está cambiando, mi habilidades se van mejorando y puliendo, son muchos los beneficios que he ido descubriendo durante este tiempo, la mayoría con una simple aplicación o modificación de los hábitos.Luego miro a mi alrededor y veo un mundo caótico, desordenado, cubierto con espontaneidad y presiones de ultima hora, dónde priman más los sprints finales que una buena y sencilla planificación de los actos y aun teniendo esta planificación se concentra toda al final del proyecto. Ese es el mundo donde hace tiempo yo mismo vivía, agitado por el vaivén de las presiones externas, en una reactividad bastante cómoda y simplista.El GTD me ha aportado un control sobre cada uno de los proyectos y cuando intento transmitirlo, siempre me encuentro con el muro del sentido común, ese sentido que muchos dicen tener pero que sólo aparece en contadas ocasiones. Tal vez mis dotes docentes estén bajo el umbral más hundido, pero apenas he podido convencer o alistar a unas pocas personas que han encontrado en el GTD un paseo placentero y relajado, como el que camino yo cada día.La gente es reacia a los sencillos cambios, se escudan en el sentido común, diciendo que las directrices que explico son demasiado fáciles de entender y de aplicar, pero se contradicen al no querer ni siquiera desarrollarlas. Si algo es tan sencillo, si algo es tan barato es que nos están timando. Ofrecen una resistencia natural a lo que ellos tachan de “infantilismo” e incluso a “perdida de tiempo” (cito textualmente alguna de las respuestas). Te miran con una media sonrisa como recordando el nivel de sensatez que poseo y respondiéndolo como una de esas locuras pasajeras del rarito de la oficina.Tal vez el GTD no deba ser descubierto y sólo ser atesorado por esos locos que encuentran una manera de encauzar las manías propias, un juguete que el tiempo les cansará y volverán otra vez a formar parte del rebaño de imprevistos, de estrés degenerado y de unos plazos de tiempo vencidos. No puede ser que esos parias encuentren una solución tan sencilla a encauzar las necesidades propias y ajenas, controlando los proyectos y ofreciendo una profesionalidad más allá de la estipulada por la masa general.Por estas razones, enseñar y ofrecer GTD es una tarea bastante complicada, el público no está receptivo a aprenderlo, más bien es tarea de ellos descubrirlo por sus propios medios, a modo de “Hansel y Gretel” dejando miguitas de pan por el camino para motivar su curiosidad y darle alas a que aprendan un poco más a gestionar sus proyectos y su propia vida, sin dejar que otros controlen su iniciativa.No sé si quiero enseñar más GTD, lo que si estoy convencido, es que debo encontrar unas pautas para alimentar esa curiosidad, de esta forma podré olvidar discursos aprendidos, demostraciones prácticas y demás esfuerzos cuyo único resultado ha sido una mirada burlona en contra de mi salud mental.Y tú, ¿has conseguido enseñar GTD?
Publicado el 20090512