Hoy procrastino

<div style="margin: 0px 20px 10px 10px; text-align: left; float: left;"> /gtd/images/slowwork.jpg <br /><!-- ⚠ <small>Foto de slworking2⚠ </small> --></div> He tenido serias dudas en si crear o no escribir este artículo. Tal vez pueda sonar un poco raro viniendo del ámbito de la productividad, que plasme en letras el objetivo del día. Pero supongo que ha sido un acto racional lo que me ha permitido llegar a esta conclusión y de esta forma poder saborear el momento de la procrastinación.Vivimos en un mundo de trabajo, completamente volcado a las tareas, a las acciones, a realizar las cosas por mandatos y muchas veces somos fuertes en nuestra voluntad y seguimos las directivas para premiarnos a nosotros mismos con el esfuerzo, con el tesón, con el producto de nuestra energía. Vamos, lo normal en nuestro día a día.Pero en este camino, existe la tentación del pecado, la vulnerabilidad de nuestra voluntad y como no, las más puras distracciones que desvían nuestra atención del concienzudo trabajo a la fragilidad de “perder el tiempo” en cosas pasajeras. Un paseo rápido por las pantallas de nuestros compañeros podemos descubrir con sencillez que no somos los únicos que estamos pecando. Correos personales, páginas de informativos online, slides con fotos sugerentes o al más viejo estilo: con el diario abierto sobre el teclado.Todo esto son rebeldías propias de que ahora que no me ven, me dedico a saltarme las normas. Jugando con lo prohibido que resulta infringir la ley sin que el otro lo sepa, aunque somos conscientes que ambas partes conocemos la verdad, pero es una verdad que no se dice en voz alta.Por eso, con la mentalidad que tenemos a ubicar el trabajo en un espacio y tiempo determinado, es cuando nuestros actos se convierten en golpes anárquicos y nos evadimos de las estrictas normativas para rozar los límites y sentirnos un poco más allá de la monotonía de nuestro trabajo. Encerrados nos sentimos y desmotivados por no poder centrarnos en algo que deberíamos estar realizando.Tal vez podemos empezar el día con otro pensamiento, tal vez si empezamos las tareas con la procrastinación en mente, seremos capaces de encontrar un camino en todo ese “aburrimiento” para encauzarnos nuestro trabajo. Suena raro, planificar un espacio de tiempo para procrastinar. Aunque lo hemos leído muchas veces, que debemos premiarnos con momentos no laborales para cambiar el registro de nuestra mente, tal vez podamos afrontarlo de otra forma mucho más ética y profesional.Comenzando con el sencillo ejercicio de valorar el tiempo que estamos procrastinando en contra del tiempo que dedicamos al trabajo. ¿Cuánto dedicamos a la procrastinación en un día? ¿En una semana? ¿En un mes? Los números asombran y si somos empleados tal vez nos de igual, pero si somos empleadores, esta es una batalla que debemos ganar cueste lo que cueste.Conseguirlo es sencillo, sólo hemos de cambiar nuestros registros y convertir a la gente en personas mucho más éticas. Si asumimos como empleadores que la gente realiza llamadas personales desde los teléfonos corporativos, por mucho que la alecciones a que no deben hacerlo, ¿Por qué en vez de cambiar a la gente no iniciamos el cambio en nosotros mismos?¿Por qué no indicamos a nuestros empleados que pueden realizar esas llamadas telefónicas necesarias y personales, pero al mismo tiempo, deben ser coherentes con su uso y con la responsabilidad que comporta? Si somos flexibles, conseguimos flexibilidad, si somos éticos, obtenemos ética. Si damos la suficiente libertad podemos exigir al mismo tiempo que la libertad sea correspondida.Por ello si alguien quiere leer el periódico sobre el teclado, ¿Por qué no dejarlo hacerlo? La vida no se para por un contrato de tantas horas. Las emociones humanes se contradicen en cada momento y no podemos ser robots incapaces se negarnos durante parte de nuestra vida. Leer el periódico puede resulta ofensivo, pero peor aun es la motivación que existe tras el hecho de leer con alevosía el periódico.Si dejamos (o premiamos) con leer el periódico en mitad del “trabajo” hemos de ser coherentes, ya sea como empleado o como empleadores, que ese tiempo que dedicamos a procrastinar las tareas, que ese tiempo que hemos tomado prestado debe ser ofrecido por la propia integridad y ética de la persona. Si conseguimos, que la gente procrastine con naturalidad, teniendo pleno control de su trabajo, conseguiremos una mejor motivación y a la larga una menor procrastinación. La limitación o prohibición sólo es una meta que hay que batir.
Publicado el 20100222