Gestión del Contexto

Cuando realizamos una acción estamos consiguiendo un espacio de productividad. Esta viene dada por sus pasos predecesores: una buena recopilación, un correcto procesamiento y una eficaz organización (nota: la revisión puede ser un paso predecesor o posterior), así que la parte sencilla y monótona suele ser su ejecución, porque en definitiva todo el mundo sabe hacer, el problema radica en cuando y donde se desarrolla ese acto.
Revisando mi lista de siguientes acciones, veo que tengo muchas por finalizar, de la cuales podría marcar algunas como las más importantes (Most Important Task) que debo conseguir en el día de hoy, un buen objetivo que lo único que hace es condicionarme en cómo debo encaminarme para conseguir los hitos. Afortunadamente las múltiples interrupciones del día pondrán a prueba nuestra carrera y al final de la jornada nos veremos forzados a negociar con nosotros mismos sobre lo que nos ha “quedado” pendiente.
Este condicionamiento nace de la necesidad de una planificación y un control de la situación. Visualizando nuestro corto futuro, podemos asegurar pequeñas victorias. Aunque siempre nos olvidamos que estamos en un entorno no-propio, donde las interacciones con los demás individuos se realizan sin pautas y donde nuestro futuro soñado tiene que ser alterado constantemente. Las tareas más importantes a realizar en el día, caen por su peso, las prioridades se desmoronan y fluctúan al antojo de terceros (un proyecto muy importante para mañana puede caer la tarde anterior). Ser productivo se puede convertir en supervivencia y ahí es donde perdemos el control y dudamos de la fiabilidad de nuestro sistema.
Luego la productividad no es una acción planificada, por mucho que luchemos, siempre habrá una situación que nos la destroce, una prioridad, un cambio de ritmo, una ausencia de acción. Planificar hasta el infinito de las posibilidades resulta todavía más cómico, esperar lo inesperado es improductivo, por la sencilla razón que productividad es antagónico a esperar. Ser proactivos hasta la saciedad, conlleva generar muchas más acciones de las necesarias, por otro lado, ser reactivo, implica una ausencia de productiva.
Cuando comprendemos que la productividad no depende del tiempo, no depende de las acciones más importantes, no depende de las prioridades impuestas por terceros, no depende de la vida privada o laboral. Cuando comprendemos que la productividad no es una planificación milimétrica ni obsesiva, ni un estado de dependencia, es cuando se nos abre ante nosotros los contextos.
Gestionar y utilizar los contextos te libera de todas esas dependencias: Uno debe ser productivo allí donde se encuentra. Por eso, tus listas deben estar orientadas en todo momento a tus contextos principales. Podrás hacer siempre en el contexto adecuado y decidirás con elementos secundarios y subjetivos (tiempo, energía, prioridad).

Publicado el 20120412