Fiestas locales

Uno se alegra siempre cuando dispone de un día festivo, en el cual su ritmo productivo asalariado desciende, las preocupaciones laborales se transforman en egoístas e incluso familiares, un tiempo donde el ocio se vuelve predominante y el contexto de nuestras acciones varía. Un momento de calma y tranquilidad.
Las fiestas se miden en dos unidades: fiestas locales y fiestas nacionales. Entendiendo por fiesta local aquella que afecta directamente al contexto de tu actividad laboral y por nacional, aquella que afecta a los clientes y proveedores que no están ubicados en el mismo ámbito geográfico. Por ello, las fiestas nacionales su un disfrute global, mientras que las locales acaban convirtiéndose en un prejuicio para aquel (y aquí viene lo raro) que las está disfrutando.Resulta paradójico pensar que si uno está de fiesta, como puede acabar convirtiéndose eso en un problema. Además, si la fiesta es reglada y consentida es mucho más absurdo que se acabe convirtiendo en una pesadilla. Pero al final, así lo hace. Es un problema de sincronía y de comunicación dónde hemos de tomar las medidas, para que no nos afecte.Yo tengo dos reglas básicas para intentar minimizar el impacto de la resaca del día festivo, aunque en la mayoría de las veces aparecen nuevos problemas que debo ir incorporando a las reglas:
---> <li>⚠ <b>Comunicación⚠ </b>: informar a todo el mundo que ese día estarás de vacaciones y cuáles son los canales “oficiales” por si surge algún problema. Con esto pretendemos no ser molestados y a nuestro regreso encontrar los problemas delegados en otras personas (en el caso de que sea posible) o bien detallados para abordarlos directamente. Obviamente, siempre nos dejamos a alguien por informar y que por todos los medios intentará ponerse en contacto con nosotros, ya sea consiguiendo nuestro teléfono por que ha llamado a nuestra abuela, que tiene una vecina que va al gimnasio con su mujer y esta les ha facilitado el número de teléfono (caso verídico).</li> <li>⚠ <b>Efecto rebote⚠ </b>: Todo, absolutamente todo lo que tengas pendiente por hacer debe ser rebotado al iniciador. Esta es una técnica de distracción que consiste en utilizar el tiempo de ocio de las demás personas que si trabajan ese día y que justamente creen que están perdiendo el tiempo porque tú estás de fiesta y no puedes realizar tu trabajo para ayudarlas. Por ello, debes llenarles de trabajo para ocupar ese espacio de tiempo que utilizarían para nombrar a tus antepasados.</li>
Con estas dos directivas, consigues minimizar el efecto resaca del día después, cuando compruebas tu correo, el buzón de voz, las notas, etc y ves con horror como rebosan su espacio de vida. Aunque una bandeja llena puede ser todo un aliciente para los adictos a la productividad, puede llegar a transformar nuestro día en una pesadilla del pasado, donde los problemas que se acumulan hoy y deberían estar resueltos ayer.
Planificar los días festivos y más los locales, se convierte en un obligación, en un curso de autodefensa personal.
Publicado el 20100526