El molde de la productividad personal

Ya de todos es sabido que la productividad personal no se hace de la noche a la mañana. Se ha hablado ya de los cambios internos que tiene que afrontar la persona para sobrevivir a la nueva visión de su propio mundo, que se abre de forma diferente cuando es capaz de cuantificar sus responsabilidades y eliminar la subjetividad de sus decisiones. En cada persona el cambio es diferente, pero aunque el proceso sigue el mismo camino de un pacto consigo mismo, la fuerza que empuja a cada uno de esas personas pre-productivas es distinta.Lo interesante, es que aunque los principios son los mismos, el desarrollo del método de productividad, cada uno los ejecuta de forma bien diversa. Resulta curioso ver como son las revisiones semanales ajenas o el control de la lista de siguientes acciones de otro compañero, en muchos casos, son mundos totalmente opuestos. Porque aunque se desarrollen bajo los mismos principios, el condimento que cada uno aporta a su ritmo de vida, lo hace diferente. No juzgo si está bien o mal, cada uno cubre sus necesidades con su propia inventiva, mientras la envidia ya trabaja en segundo plano para hacer cambios.Muchos aún no comprenden que se enseña una metodología, para aprender un estilo de vida. Que el ser humano necesita unas directrices a las que abrazarse para comprender que su ahora reino del sanguinario caos, es sólo la prehistoria de su futuro productivo. Que la verdad de la productividad personal no consiste en objetos materiales o logros en forma de medallas doradas, porque sólo hay un claro camino en encontrar el equilibrio consigo mismo. La verdad de la productividad personal es alcanzar esa creatividad que la mente es capaz de aportar, después de despejar todas esas absurdas obligaciones (auto)impuestas, que via sociedad nos empequeñecemos cada día.Por ello la productividad personal no es una herramienta de trabajo, ni una guía de hitos en un trazado plan. Es un cambio constante en uno mismo, donde se van puliendo esas pequeñas imperfecciones que nos han enseñado desde pequeños. Desafortunamente esta nueva forma de vida nos alcanza en la madurez de conocimiento, después de quemar los primeros años en locas aventuras con prioridades y urgencias, con gestiones de tiempo baratas encontradas en quien sabe que sucia esquina.Al mostrar nuestra productividad personal a los demás, no estamos dando un buen ejemplo de los principios, sino una visión distorsionada de lo que hemos adoptado como nuestro. Porque aunque sus principios nos dan suficiente margen para amoldarlo a nuestras truculentas necesidades, son siempre sólidos principios que hemos de tener claros para que en la perversión del camino, no caer en tentaciones de métodos ajenos o tecnología suplantadora de procesos, a los que estamos siempre bien predispuestos, por el bien de perfeccionar nuestro sistema de productividad.Cuando se creó el método, se rompió el molde y ahora cada uno se recompone a si mismo con más empaste que piezas reales, volviendo una y otra vez a romperse a si mismo, para arraigar más profundamente sus principios. La persona productiva se reafirma a si misma, con cada una de sus acciones.
Publicado el 20160313