El control del tiempo

"No tengo tiempo", esa es una de las frases más comunes en el mundo de la antiproductividad. Tener el tiempo como única medida para sobrevivir a los quehaceres diarios, correr tras de él, sintiendo que lo estamos perdiendo o en el mejor de los casos, nos liberamos de la culpa y decimos que nos lo están robando. Se uno u otro error, el raíz continúa siendo el problema. El tiempo.Si nos sentimos tan presos del tiempo, ¿cómo es que no somos capaces de dominarlo? Es muy sencillo, disponemos de 24 horas diarias para hacer lo que nos venga en gana, es un espacio finito, una ventana única que se repite día tras día y aun así, no hemos conseguido domesticarlo a nuestras necesidades. Por ello nos continuamos quejando cada vez que tenemos oportunidad; “No tengo tiempo” y vemos que nos dan el oscar como protagonistas de pinocho.Lo más sencillo, para erradicar esa frase de nuestra vida y tomar el control de nuestro estrés es analizar lo que hacemos con ese tiempo. Nada tan sencillo como un pequeño ejercicio para domesticarnos a nosotros mismos. Una hoja de cálculo vacía, siete columnas identificando los días de la semana, veinticuatro líneas representando las horas del día.Identificamos las tres franjas básicas de ocho horas, nuestra mañana, la tarde y la noche. De esas franjas nos limitaremos a las dos primeras, la noche será para descansar. Seguidamente apuntamos las horas que dedicamos al trabajo. Pintamos las comidas y las cenas. Si miramos nuestro el calendario puede que sea un poco decepcionante, pero lo que tenemos es nuestra fija dibujada.El siguiente proceso es ser más realistas, otro de los factores que influyen en nuestra vida son los desplazamientos, esos lapsos de tiempo donde no conseguimos hacer nada, pero que son inevitables para ir por ejemplo, de casa al lugar de trabajo. Eso también es tiempo y debemos reflejarlo como tal en nuestro dibujo. Justo en este momento nos damos cuenta que las divisiones de horas no son útiles y dividimos el dibujo en franjas de quince minutos. Ahí reflejamos el tiempo que dedicamos a comer (media hora normalmente), el tiempo que llevamos a los niños al colegio, el tiempo que tardamos en asearnos por las mañana, la aparición del gimnasio, las visitas a los familiares el fin de semana, limpieza doméstica, etc, etc.Si queremos ser más detallistas, podemos detallar nuestro horario de trabajo, reflejando aquellos momentos dónde debemos mirar el correo, dónde podemos tener reuniones, cuando podemos realizar las llamadas, en qué momento podemos estar mejor creando documentación.En un momento y siendo sinceros, tenemos los huecos libres de nuestro tiempo, encontramos dónde podemos invertir y dónde debemos mejorar. Simplemente con colores y etiquetas. Tal vez algunos días habremos acortado nuestras horas de sueño, tal vez algún día la jornada no se adapte lo que hemos pitando, pero ahí están nuestros hábitos, nuestras costumbres, la frase: “No tengo tiempo” pierde totalmente su significado y justo en ese momento te das cuenta de que el tiempo no importa, sólo el contexto.Felicidades, bienvenido al mundo de la productividad.
Publicado el 20100615