Be a fénix, my friend
Todo es blanco y negro, uno o cero, bueno o malo, éxito o fracaso. En nuestra mentalidad gris, tenemos implantados la dualidad más básica que nos permite desarrollar nuestras acciones y juzgar la de las demás. Nuestras acciones se miden por un éxito o un fracaso, llegando incluso a autocomplacernos con medias tonalidades para engañarnos a nosotros mismos. Nos regocijamos en el éxito, en la victoria, en ese mágico momento donde las acciones han terminado de la forma visualizada. Mientras que nos lamentamos, lloramos y nos hundimos en el pozo más oscuro cuando el fracaso nos ahoga.En nuestro trabajo diario ya va implícita la victoria, se nos adiestra y alienta para conseguirlo, somos guerreros con un único objetivo posible, cualquier otro pensamientos es censurable y castigado, no tenemos tiempo a reacción, la victoria está en nuestro punto de mira y hemos de conseguirla a toda costa, aunque no seamos los únicos que la deseemos y luchemos por ella. En esta batalla, alguien tiene que ganar, alguien tiene que perder y no vamos a ser nosotros.Conseguimos el proyecto, conseguimos las acciones, alcanzamos nuestras metas ¿y luego qué? Más proyectos, más acciones, más metas, más batallas, más trabajo. No hay recompensa, no hay vítores, no hay aplausos todo queda en nuestro trabajo, para ello nos han contratado y no esperan menos de nosotros.Pero la derrota llega, tarde o temprano, nos encontramos con algo que nos supera, algo que es más fuerte que nosotros, algo que no hemos podido, ya sea por nosotros o por agentes externos. El fracaso se planta ante nosotros y lo miramos de frente estupefactos, como si no fuese con nosotros y ahí, en la soledad del mundo estamos completamente solos. Nos hundimos en él, lo abrazamos como propio o renegamos de él, pero se queda impasible en nuestra historia, una cicatriz más en nuestra vida, visible para todo el mundo y muchas veces recordadas como azote de nuestra mente.Las victorias pasan por la vida como algo natural, los fracasos perduran como lastre y seremos recordados por ellos.“Be a Fénix, my friend”. Esta ave mitológica es la única que posee una vida eterna, una vida nueva. De su muerte surgirá la vida, de sus cenizas renacerá gloriosa, con nuevas energías, con todo un futuro por delante. Esta ave es toda una forma de vida, todo un ejemplo inspirador para nuestro día a día.Por ello, los fracasos son una fuente inspiradora de nuestro aprendizaje, nos dicen que aprendamos de ellos, mientras nos señalan con el dedo constantemente. Lo guardamos en nuestra mente, como algo que hemos de custodiar en secreto y llegada la ocasión no volver a repetirlo nunca más. De ahí que volvemos a cometer el error una y otra vez. Nuestra mente nos engaña.Hay dos listas que he comenzado a cultivar desde hace poco. La lista de victorias y la lista de derrotas. Dos listas que atesoro, dos listas que contemplo en los momentos de necesidad. Cuando me siento hundido, cuando me siento fracasado, cuando he perdido las esperanzas y la humanidad me reclama y me señala, acudo a mi lista de victorias, las leo, las recuerdo, las invoco cada una de ellas, relamiéndome de lo que tuve en el pasado, de lo que fui durante un tiempo, de lo que conseguí por méritos propios y es entonces cuando muero, es entonces cuando renazco.Cuando consigo la victoria, cuando llego a mi objetivo, cuando estoy pletórico y exultante, con el mundo a mis pies, reviso la lista de los fracasos, no me dejo emborrachar y aterrizo lo más pronto posible de la nube palpando de nuevo la realidad, el pasado me azota, me abofetea, me trata de tú a tú. Es ahí cuando muero. Es ahí cuando renazco.Estúpidas listas, pensareis. Pero no soy yo el que carga con vuestra culpa, ni el que se ciega con las recompensas.
Publicado el 20100407