Se buscan náufragos
El día pasa a toda velocidad. Si nos mantenemos ocupados, tenemos la sensación que entre el desayuno y la merienda a transcurrido apenas un suspiro y exclamamos a modo de incredulidad las horas que parece que hemos perdido y que no somos conscientes de haber sido realmente productivos. El día pasa a “velocidad de crucero” según me han dicho hoy en un correo.La velocidad es uno de los alicientes que nos hacen realizar más tareas de una forma más inmediata y es producto de unas interrupciones constantes, así como de un exceso de multitarea, bailamos al ritmo que nos imponen los demás, ejerciendo nuestro desarrollo en capsulas de tiempo extremadamente dosificadas. Nuestra mente va y viene entre las tareas, entre las persecuciones de los seguimientos. Es un momento donde nuestro cuerpo genera la suficiente adrenalina como para impulsarnos a seguir manteniendo ese ritmo. Funcionas como una máquina perfecta despachando las tareas.Todo el mundo exige tus tareas de una forma inmediata, incluso en unidades de tiempo negativas, teniendo que hacer malabarismos para enfrentarnos al siguiente problema aun sin tener acabado el actual, estamos en pleno descenso acumulando cada vez más velocidad sin importarnos el muro que vemos a lo lejos.Esta es una forma de trabajar que todos hemos vivido en algún momento, dónde nos hemos dejado transportar por la simbiosis de las tareas, consiguiendo un estado de fusión con ellas y en definitiva nos hemos convertido en sus más humildes esclavos a su servicio, la tarea se ha transformado en la fuente de cada uno de nuestros latidos que han ido aumentando sin tener plena consciencia. Suena dulce.¿Has pensado en naufragar? Esa velocidad sólo consigue generar más estrés que verá la luz en el momento que abandonemos las tareas, cuando nuestra lista de pendientes se encuentre lo suficientemente limpia como para echar de menos más tareas, en ese momento nos podemos considerar unos adictos a la presión a la cual nos han sometido.Naufragar es un acto que debemos ejercer cuando ese sentimiento de dependencia comienza a surgir. Naufragar consiste en detenerse y ver las cosas que están pasando a nuestro alrededor, encontrar de nuevo el camino hacia la productividad, replanteándonos las presiones externas. Hay que volver al estado de “mente como el agua”, como apuntaba el mismo correo de esta mañana, pero para ello hemos de convencernos en detenernos por un instante y analizar todo lo que está pasando.Hemos de ser dueños de cada uno de nuestros actos, hacer nuestras las tareas que lo son y rechazar aquellas que nos delegan por oscuras razones, somos responsables de nuestro trabajo y con lo cual responsables de sus resultados. Encuentra una isla pequeña en toda esa vorágine y naufraga en ella, utiliza todo lo que sabes para encontrar la solución duradera y adecuada, sin dejarte presionar por el entorno.
Publicado el 20090915