Reactividad
Si hace poco definíamos la proactividad como una cualidad a conseguir, antes de poder iniciar el nuevo hábito y establecer las nuevas tareas para conseguirlo hemos de tener muy claro su contrario y de esta forma identificar las pautas de nuestro ser que nos dejan vulnerables o nos incapacitan para poder progresar en nuestra productividad.Si los valores de la proactividad son positivos, las cualidades de la reactividad no pueden considerarse negativas, pero si los suficiente detestable como para mermar nuestra razón y energía, consiguiendo que nuestra moral saboteé cada una de nuestras acciones.La reactividad se puede definir como el estado de la persona que es capaz de dejarse llevar por los acontecimientos que ocurren en su entorno, relegando de esta forma cualquier toma de decisiones y control sobre la vida misma que no sea influido por estos agentes externos. Es un estado de comodidad en el cuál es fácil caer y dejarse seducir, pues todas las razones y explicaciones se sustentan en el entorno.Una persona reactiva es emocional, la base de su ser se centra en una capa emocional que siempre está influida y descontenta por las acciones externas que transforma su día en un conjunto de emociones que la hacen ser capaz de desarrollar o no su trabajo con diferente grado de productividad. Una persona reactiva relega las decisiones a la voluntad de los demás, sin carácter para afrontar los problemas y dejando pasar el tiempo hasta que el problema les consume.Son influidas por agentes totalmente descontrolados como puede ser el climatológico: si hace sol está feliz, si hace demasiado sol está descontenta, si llueve es un día triste, si cae una tormenta es mejor no salir de casa. Los problemas mundiales, el amor, las empatías con los compañeros, el quedar bien con la familia, etc. son algunos de los claros ejemplos de reactividad: sin control de uno mismo.La reactividad nos coarta a no tomar decisiones, a no afrontar las acciones, nos relega en un miedo interior protegiéndonos en una coraza muy débil para evitar que de alguna forma nos alcance el dolor y cuando este llega es maximizado para embriagarse con su pesadumbre, volviéndonos dependientes de la autocompasión.Hemos de identificar en que estados de nuestra vida somos reactivos y nos dejamos llevar por el vaivén de las emociones, hemos de cortar con esos lazos tan dulces que resulta echarle la culpa a lo imposible, a lo que no puede verse o etiquetarse, cuando verdaderamente hemos de asumir los fallos y las incompetencias propias.Asumiendo lo que podemos hacer y la capacidad que tenemos de controlar nuestras decisiones sin dejarnos influir por las emociones, es cuando nuestra productividad toma otra camino en sintonía con lo que nosotros queremos y hasta dónde queremos llegar. La proactividad está al alcance de nuestra mano si somos capaces de cambiar nuestros hábitos y esa es una lección con la cuál trabajamos a diario.
Publicado el 20090824