Preocuparse
Una de las fuentes de generación de estrés es nuestra cabeza. Ahí metemos en saco todo lo que nos rodea, de forma directa y de forma accidental promovido por terceras personas que interceden en nuestras vidas. Nuestra mente es una fuente de dudosa calidad en la cual confiamos nuestros más oscuros y siniestros secretos, mezclándolos como olla exprés con el inconveniente de desconocer lo que estamos cocinando.Todo cabe, no importa el tamaño, nuestra mente no entiende de clasificación, no conoce el significado de orden o importancia, es un saco infinito con la única premisa de que todo lo que entra no tiene porque volver a salir. Conscientes de esta amenaza continuamos alimentándola con todo tipo de información, compitiendo entre información fútil o muy valiosa, luego ya buscaremos por los índices de asociación de idea o... Bueno, al menos intentaremos recordar.Pero nuestra mente es un ser vivo que se autoalimenta a sí mismo, obteniendo la información aun no siendo conscientes de ello, incluso generando de nueva que propiamente es asumible en algún futuro cercano, sin que este llegue a materializarse nunca, pero alterando nuestro estado de nervios y de sentimientos. Nuestra mente genera imágenes del presente y del pasado, bailando con los actores, con las palabras dicha, con las acciones no hecha, evocando esa imagen de nosotros mismos que nos gustaría ser y que nos hemos limitado.Nos preocupamos y nos estresamos por cosas que no están en nuestro alcance y que deberíamos desechar como algo imposible de volver a repetirse, son nuestros propios miedos e inseguridades los que nos dominan en esos momentos, dónde la mente orquestra y nosotros simplemente nos sumergimos en el argumento de lo que proyecta. Hace unos años regresando de un viaje desde Alicante en avión, me encontraba yo ocupando los tres asientos de la fila, haciendo lo único que puedo hacer en el avión, recuperar un tiempo para dormir, en la fila del otro lado del pasillo había una mujer, con aire nervioso, se la notaba que no estaba a gusto volando, a cada bache se agarraba a los reposabrazos, no dejaba de mirar hacia todos lados y la única revista del corazón que la acompañaba apenas la ojeaba para distraer su mente, sin lograr nada bueno. Una nueva turbulencia provocaba que sus nervios saliesen a flor de piel.Siempre he considerado el miedo a volar como uno de los más absurdos. Si tienes miedo a volar, no vueles. Tan sencillo como eso, aun así, si por obligación necesitas imperiosamente volar en un avión y no tienes ninguna otra opción por qué no te han crecido aun las alas, entonces, ¿Por qué estas nervioso por volar? ¿De qué tienes miedo? ¿De que el avión se estrelle? ¿De qué mueras ahogado en pleno mar? ¿De que cuando aterrice sus ruedas fallen y explotes en mil pedazos muriendo de una forma lenta devorado por las llamas? ¿Qué tus familiares lloren tu perdida desconsoladamente? Si, supongo que son miedos racionales que nos planteamos todos al subir al avión, yo incluso lo pienso cuando estoy allí dentro ¿Será esta mi caja fúnebre?Pero luego intento razonar, no dejar que mi mente domine mis emociones y encontrar el camino de mi área de influencia. ¿Puedo evitar que todo eso ocurra? Sí, viajando en otro medio. ¿Tengo opción de viajar en otro medio? Sí, pero tardaría demasiado tiempo. ¿Puedo evitar que el avión se estrelle? No, desde mi asiento no dispongo ni de los conocimientos ni de las herramientas. Cada vez que hay una turbulencia, ¿debo pensar que voy a morir? Sí. ¿Puedo hacer algo para evitar las turbulencias? Aquí es dónde vuelo a la misma pregunta inicial respondiéndome el final que no puedo controlar el clima. Al final siempre acabo razonando. En mi estado actual, despegando hacia mi destino, ¿Puedo evitar que muera de una forma siniestra? No ¿Sirve de algo preocuparse? No, no controlo la situación. Luego saco de mi cabeza algo que no puedo controlar, que no está en mi dominio y que por lo tanto debe de dejar de ejercer una presión en mi mente.Sólo debo preocuparme por aquellas cosas que si que puedo interactuar, controlar y convertir en realidad. El resto es producto del azar y de nuestras interacciones con los demás y por lo tanto deben quedar fuera de nuestra mente, para vaciarla por completo y dejar que se llene de las cosas que realmente importa.Nuestra mente es una productora a nivel de Hollywood, sólo es cuestión de querer ver o no que nos muestra. Nosotros somos dueños de esa decisión y por lo tanto podemos influir en nuestro estado de ánimo y en nuestra reactividad. Cuando te sientas en una situación incontrolable de pensamientos oscuramente temerarios, utiliza GTD: Mételo en una bandeja virtual, procesa la idea o el problema, organízala si no la has desechado ya, realiza alguna acción si es necesaria y aprende de ella con la revisión. Todas las cosas deben estar fuera de tu cabeza y sobretodo las que no están en el ámbito de influencia.
Publicado el 20090831