Nuestra amiga la papelera

Hay dos cosas que amo en este mundo del GTD. Una de ellas es mi lista de “Algun día/quizá”. Esta lista le pone el condimento al sistema y es la que carga de emociones las acciones. Resulta curioso lo que una simple lista puede hacer por ti. La otra cosa que adoro en GTD es la papelera, que la suelo utilizar con singular alegría, alguno incluso diría que con un poco de inconsciencia.La papelera, esa amiga inseparable que nos acompaña a todos lados. Allá donde estemos, siempre tenemos una papelera que nos ayudará aliviar nuestra pesada carga, ya sea en tareas virtuales o en formas físicas, ya sea nuestra, del ayuntamiento local o de un compañero.Somos capaces de detectar las bandejas de entrada en nuestro mundo, disponemos de los receptáculos necesarios, ya sean en plástico, en varillas de metal o espacios predeterminados, incluso virtuales. No obstante nos encontramos que no disponemos de las suficientes papeleras en nuestro entorno para utilizarlas de la misma forma.A veces he llegado a considerar una papelera, como una bandeja de entrada, otorgándole privilegios y emociones que no le corresponden, pero resulta tan seductora su concepción, como la ejecución de su acción. Hemos de disponer de papeleras en nuestro entorno, esto es un hecho que toda mente productiva debe utilizar.Según GTD, todo aquellas cosas que no tengan una acción, que no vayan a parar a la lista de “Algún día/quizá” o a nuestro archivo de referencia, deben ir directamente a la papelera. Es un acto liberador aunque a veces pensemos que lo que estamos haciendo nos pueda llevar al arrepentimiento.Nos gusta acumular todo tipo de cosas en nuestro entorno y en la parte virtual no tenemos límite. El espacio se mide hasta el infinito sin importar la cantidad de información que nunca revisaremos. Este hábito lo acumulamos incluso en la vida real, llegando a guarda el traje de la primera reunión o los pantalones de hace quince años, que ahora [censuradas] tallas por encima no nos entra ni en nuestros sueños.La papelera reclama nuestra atención. Hay que mimarla, hay que cuidarla y debemos alimentarla para reducir todas esas cosas superfluas que adornan nuestra nostalgia, nuestro Diógenes controlado. Hemos de ser estrictos con nosotros mismos y dejarnos de sentimentalismos, de fantasías. Todo lo que no nos resulta útil en este momento, todo lo que no tiene ningún futuro en nuestra referencia, sencillamente debe ir a la basura.Al principio duele, cuesta deshacerse de esas cosas, nos planteamos si realmente estamos haciendo lo correcto, dudamos, pero luego, después de unas cuantas víctimas, viendo como va decreciendo el espacio de la basura en pro de lo que vamos lanzando nos sentimos aliviados, incluso llegamos a viciarnos buscando la siguiente cosa que podemos tirar, ¡Cuidado, Engancha!La papelera es un pozo sin fondo maravilloso, debemos utilizarla sin miedo. Encontraremos el espacio que necesitamos en nuestra vida y en nuestras listas.
Publicado el 20100224