Nada que hacer
Hoy es jueves, estoy sentado en la oficina y me encuentro mirando el ajetreo que hay en la oficina, como los compañeros van y vienen, como algunos hablan airados por teléfono mientras otros comentan la última película que vieron ayer. Todo el mundo está “trabajando” a diferente nivel, mientras uno se encuentra contemplando la fauna y sus interacciones.Abro el navegador y accedo a un buscador, introduzco un par de palabras y acabo encontrándome leyendo un artículo que ni me interesa pero que me ha llamado la atención, mientras el cliente de correo me interrumpe, ha llegado un mail de esos tan emocionantes que si no lo mando seguro que tengo siete vidas de mala suerte, estoy en obligación moral de compartir con mis compañeros y allegados parte de la basura.Suena el teléfono, es un viejo conocido y entre broma y broma, configuración de máquina y resolución de las vacaciones ya llevamos quince minutos de teléfono, todo un alarde de pasatiempos que tal vez haya afianzado el lazo, pero que ha robado treinta minutos en total, repartidos a partes iguales por el hilo telefónico.El día va pasando y justo me doy cuenta que es la hora de tomar el café, un compañero ya señala el reloj indicando la necesidad de la pausa, debo colgar el teléfono y coger la cartera, hoy hace un bonito día de verano para disfrutarlo en la terraza, porque entre el café, la pasta, las chicas que van pasando por la terraza y el solecito nos tiramos la media hora que decimos que siempre vamos a recuperar y que nunca más recordaremos.Ahora por fin, ya ha llegado el momento de trabajar, apenas son las once y media y la pasta está siendo digerida por mi estómago, me conecto a internet un rato para ver cuántas calorías he consumido y fustigarme en mi mente mientras pienso que me apetece hoy para comer. Lástima de la reunión que me han puesto justo ahora, cuando podría echar un poco de siesta.El día pasa y las horas cada vez van más lentas. No tengo nada que hacer y todas las neuronas están en huelga de verano, si no hay trabajo ¿Porque he venido hoy a trabajar? Al menos he salido de casa y he pisado el calor, me distraigo viendo a las hormiguitas y sus labores.No hay nada que hacer.Este relato ficticio es una de las realidades más comunes en muchas vidas, el sentimiento de que existe poco trabajo o incluso nada es una sensación que hemos sentido muchas veces, cuando en realidad nuestro perdido día está acumulando horas que luego cuando se acerque la fecha de vencimiento necesitaremos. Somos maestros en el arte de procrastinar, lo hemos elevado a tal nivel que nadie nos puede superar, saciándonos con la idea de que no tenemos nada que hacer, viendo que ya lo hemos hecho todo.Una mentira que nos permite convencernos de nuestro nivel de razón sobre las no acciones que estamos llevando a cabo, para disfrutar de un tiempo que se está escapando mientras le saludamos con la mano a modo de despedida.Si no tienes nada que hacer, si realmente no tienes nada que hacer, si estas plena y absolutamente convencido de que no tienes nada que hacer, es que estas completamente equivocado. Discúlpame la bofetada, pero es necesaria para devolverte a la realidad y que veas que estas naufragando en tu propia realidad.Lo más sencillo, para darte cuenta del tamaño de tu error, es realizar una revisión (semanal), buscar en tus listas, en tus proyectos, en tus acciones siguientes, en tus bandejas de entrada todas las cosas que estas dejando de hacer y todo el tiempo que necesitaras después de darte cuenta de que lo has perdido. No tener nada que hacer es una utopía, propia del caos o la procrastinación que reinan en tu vida.
Publicado el 20090730