Microhábitos

Cuando uno decide introducir hábitos a su vida, siempre lo hace por propias promesas. Se concentra en lo ideal que podría ser alcanzar esa meta y se ve así mismo en una versión mejorada de lo que es ahora. La fuerza de voluntad está hinchada al principio, aunque sabemos que con el paso de los días se irá desinflando.
Un hábito nuevo es algo que no cabe dentro de nuestras pautas y de alguna forma intentamos meterlo con calzador, por el bien de nuestra salud mental o física. Podemos entonces distinguir cuatro etapas

Encontramos una necesidad y realizamos un pacto con nosotros mismos, buscamos la zona más adecuada para el alojamiento del nuevo hábito, incluso desplazamos con fuerza lo que ya tenemos instaurador.
Practicamos con más o menos esfuerzo el nuevo hábito, nos sentimos complacidos por el esfuerzo que estamos haciendo y nos regocijamos en el premio final.
Hemos detectado que no cumplimos con nuestras promesas y antes de perder totalmente la voluntad, nos planteamos no alcanzar el hábito de forma global, sino parte de lo que representa.
Llega un momento donde nuestra fuerza de voluntad o ha sucumbido o ha salido victoriosa, si hemos vencido toca toda una etapa de mantenimiento del hábito, si hemos sucumbido, lo más seguro es que volvamos al punto Necesidad, replanteándonos cuando podemos iniciar el nuevo hábito.

Es necesario un periodo de unos treinta días para considerar que un hábito ha sido instaurado, aun así, debemos dedicar un periodo de mantenimiento del mismo, para arraigarlo completamente en nuestra actuación diaria. El hábito tiene que ser coherente con lo que somos y vivimos cada día, imaginar imposibles sólo conducirá al fracaso rotundo. Si el hábito requiere demasiado esfuerzo, el resultado será el mismo: fracaso.
Para que un hábito triunfe, debe ser lo más pequeño posible, tiene que pasar desapercibido en nuestra consciencia para asimilarlo y que forme parte de nuestro subconsciente. Tal vez debamos dividir ese hábito en otros más pequeños, cuya suma con el tiempo conseguirá el propósito que deseamos.La semana pasada introducí tres hábitos en mi gestión diaria. Un completo suicidio, ya que los hábitos deben instaurarse uno a uno. Pero son tan pequeños y minúsculos que pasan completamente desapercibidos en mi vida. Obviamente requiere de un mínimo de esfuerzo y de razonamiento, debo ser consciente en esta primera semana, pero he visto como poco a poco los he ido asimilando.He optado por utilizar la técnica de Seinfeld para que su instauración se convierta en un juego, en una necesidad de marcar como completado el hábito y poco a poco, veo como lo que al principio parecía un esfuerzo, ahora es una forma deliciosa de finalizar un proyecto. Considero que son microhábitos, una estrategia para instaurar un hábito mucho mayor, ese que seguramente habría desechado a los tres días, pero gracias a su particionado me veo con muchas más fuerzas de afrontar mi objetivo final. No tengo prisa, la cadena seguirá su curso y el tiempo quesea necesario. Una vez que esté preparado, esos microhábitos formaran parte de un yo mucho más inconsciente y natural.Un hábito es un proyecto. Todo proyecto requiere una siguiente acción, un procesamiento, una organización, una revisión. Un hábito es puro GTD.
Publicado el 20110502