Más, mucho más productivo

Una de las obsesiones que más me corroen dentro del mundo de la productividad y que ya he rebuscado su respuesta en varios artículos, es la posibilidad de llegar a ser más productivo. Es una forma de intentar buscar la perfección en cualquiera de las facetas de la productividad personal, algo que reconozco que no existe y en lo que puedo llegar a perder bastante energía, pero que aun así, siempre hay una idea que baila intentando perfeccionar los procesos y las gestiones.
Quiero llegar a ser más productivo y el principal error es que busco esa productividad fuera de mi responsabilidad. Resulta mucho más sencillo recrearse en la productividad de soporte, que en lo que uno es capaz de cambiar sus hábitos. Toda nueva herramienta se convierte en un auténtico escudriñamiento de sus posibilidad y usos, para hacerla lo más efectiva posible, olvidando que un martillo sólo sirve para golpear.
Así la imaginación vuela con la herramienta en mano y encontramos raros caminos para sacarle partido. El martillo ya no sólo golpea, sino que ahora es capaz amplificar la señale wifi del router cuando se encuentra apoyado al lado del gato. Nos sentimos pletóricos ante este nuevo alarde de productividad, conseguimos más con menos y de paso nos compramos otro martillo que esta vez si que sirva para golpear.
La herramienta se convierte en el sentido de la productividad personal y poco a poco vamos rebuscándoles el juego oculto o impensable por su propio creador, delegamos nuestra propia productividad en esas herramientas, creamos nuevos hábitos sin darnos cuenta amoldándonos a esas nuevas funcionalidades. Nuestra propia confianza nos ayuda a darle la importancia a la herramienta, para que en última instancia, sea ella quien cargue con la culpa de la procrastinación.
Quiero ser más productivo y quiero tener claro: el único camino viable para ello está en mi interior. En la forma como realizo las fases de productividad y como soy capaz de ir perfeccionándolas en mi propia evolución. Yo debo evolucionar. Yo debo fortalecerme. No estoy sujeto a ninguna herramienta y mucho menos debo descargar mi propia responsabilidad en ella.
El otro día me autoflagelaba por un fallo cometido. Un compañero me apuntaba una desactualización de la información, cuando era consciente de que algo tan sencillo como una nota en la bandeja de entrada, un procesamiento y finalmente hacerlo habrían conseguido eliminar esa marca en mi propio currículum. ¿Dónde se encuentra el fallo entonces? ¿En la herramienta que he domesticado para que haga más de lo que yo necesitaba y que me reconforta mirarla en todo su esplendor o en esas bases que deben arraigarse en mi hábito de vida y de forma reflexiva hacerse sin que mi mente tenga que gastar parte de su consciencia?
¿Soy realmente productivo cuando tengo un martillo-wifi o cuando estoy realizando una tarea con ese martillo porque el ciclo de la productividad está fluyendo? La autocontemplación de mi propia imagen de productividad me ciega tantas veces y la realidad de las faltas cometidas por no seguir un ciclo tan sencillo como el que marca GTD me devuelve al fango de la culpa, viendo realmente quien soy y el camino que aun debo seguir.
La obsesión por la productividad personal no debe salir de uno mismo, debe ser la extensión de lo que es la persona, un conjunto de hábitos, de sencillas bases, en un proceso de evolución constante, de comprensión de lo que realmente somos y cuáles son nuestras limitaciones. Yo soy la única herramienta que necesito.

Publicado el 20110830