Los bocadillos
Siempre he tenido un trauma de pequeño y es que no me acaban de gustar los embutidos. La razón es bien sencilla, de pequeño mi hermana y yo íbamos a colegios separados y mi madre siempre nos daba el bocadillo, para comer en la hora del patio, envuelto en papel de aluminio. Así que llegada la hora del recreo, salíamos todos los niños al patio, para jugar mientras comíamos el almuerzo, muerto de hambre a esas horas abría muy contento el envoltorio para descubrir muchas veces, como mi madre se había equivocado en la logística y ante mí tenía un incomible bocadillo con algún raro embutido que muchas veces acaba sólo comiéndome el pan.Esta es una técnica que aprendí hace bastante tiempo y la suelo utilizar constantemente. No, equivocarme en la logística no. La técnica del bocadillo consiste en utilizar un poco la mano izquierda mientras le abofeteas con la derecha. Así son los bocadillos, una rebanada de pan, algo en medio y finalmente otra de pan. ¿A quién no le gusta el pan?Por ello, siempre utilizo esa técnica para suavizar los problemas y lanzar, de forma camuflada una verdad que a nadie le gusta escuchar, pero que finalmente recordaremos como algo dulce y agradable, pues siempre acabamos con otra rebanada de pan. Porque al final, todos recordamos lo último que nos han dicho.Por ejemplo, cuando queremos que una persona realice correctamente su trabajo, siempre podemos atacarlo con el problema directo, no obstante, la impresión y predisposición que se llevará esa persona de nosotros será negativa, con lo que es posible que obtengamos un efecto negativo a nuestros deseos. Igualmente, si adulamos primero para acabar reprochando, el efecto será el mismo.Hemos de ser un poco más listos, hemos de comenzar adulando, consiguiendo que la persona se muestre receptiva a lo que queremos decirle y cuando esté en este punto, en ese momento le transmitimos la información que queremos camuflar, para finalmente volver a suministrarle un poco de adulación y rematar el efecto de desconcierto. Al final nunca sabe si realmente le has dicho algo malo, porque la sensación que le ha quedado es positiva.Esta técnica es bastante popular y yo también he sido blanco de ella en muchas charlas y correos, sufriendo en propias carnes lo que yo también realizo, a veces la he detectado, esperando la bofetada y manipulando a mi interlocutor con una sonrisa a destiempo. Es una técnica bastante diplomática que hay que saber utilizar.
Publicado el 20091209