La solución
Nada es imposible para el hombre que no tiene que hacer las cosas por si mismo, así reza un anónimo refrán, con la verdad en cada una de sus letras. A lo largo de nuestro día, nos encontramos con muchos y diferentes tipos de tareas, de los cuales algunos podemos delegar, otros retrasar y los más inmediatos resolver. Nuestra vida se mide en preguntas y respuestas y muchas veces en preguntas sin respuestas.Cuando somos capaces de resolver los problemas por nosotros mismos, somos capaces de silenciosamente trabajar arduamente en ello, aunque para ello debamos levantar la socorrida alfombra para esconderlo. Nuestros problemas pasan directamente a nuestro sistema de procesamiento, que los tratará como cualquiera de las otras acciones que debemos realizar.Si el problema es ajeno y viene a nosotros en forma de bofetada, entonces nuestra reacción es inmediatamente opuesta, nos volvemos unos seres defensivos, nos salen garras de adamantium y nos alejamos de cualquier posición visible en caparazones impenetrables. “Si el problema es tuyo, quédatelo”. En este momento de orgullo, defendemos nuestra arrogancia con todo lo que tenemos, con el único objetivo de evitar a toda costa el problema.A veces, esos minúsculos y microscópicos problemas, se transforman en planetas enteros por culpa de este pensamiento escurridizo, cuando realmente lo único que necesita la otra persona es una sencilla solución, aunque no sea inmediata, aunque no se consiga resolver por uno mismo y lo que antes parecía un mero planteamiento, acaba por convertirse en sanginarias luchas corporativas.Cualquier problema tiene solución y con ese pensamiento hemos de afrontarlo. Una visión puede que extremadamente positiva, pero es la única razón para convertir ese problema en un proyecto finalizado y cuando alguien se acerca desesperado con un problema, lo único que te está preguntando es por esa solución.Somos blancos de los problemas por dos motivos: somos el destino del problema y recae directamente sobre nuestro ámbito de responsabilidad, por lo tanto no existe razón humana para eludirlo o nos hemos convertido en un soporte y guía para los demás (<ironia>Gracias GTD!</ironia>), dónde nuestro criterio y nuestra razón prevalecen en las decisiones ajenas.Tanto si nos encontramos en el primero o segundo campo del motivo, siempre, siempre, siempre hemos de aportar una solución. La solución, garantiza una respuesta positiva por el portador de las malas noticias, una predisposición en su carácter a cambiar su posible enfado o mal humor a un acercamiento al trabajo colaborativo y eso, influye directamente en nuestro trabajo.No importa si no podemos resolverlo, no importa si no lo hacemos de forma inmediata, no importa si nos gusta o no el problema, aportar una solución conlleva una disminución drástica del problema.
Publicado el 20091207