La prueba del delito
Tener espacio suficiente para almacenar las cosas siempre ha sido una de mis manías u obsesión. Siempre me he dedicado a dejar parte de los dispositivos de almacenamiento a la mitad de su capacidad, como medida de seguridad. Desde que tenía mi Amstrad PC1512 dónde un diskette de 1.44 me servía de disco duro, siempre estaba a la mitad, pasando por mi primer disco duro de 20 Mb, que siempre tenía 10Mb libres, hasta la actualidad: mi ordenado principal está libre al 50%, el que utilizo para cazar y trabajos esporádicos al 50%, el portátil del trabajo igual, la Treo de 21Mb de memoria me quedan 10Mb libres. Como veis una clara obsesión.Desde que utilizo GTD he llevado esa técnica a la mente, pero a su extremo más radical: vaciándola por completo. Todo lo que entra en mi mente tiene un periodo de vida extremadamente corto y rápidamente es desalojado para entrar en el sistema GTD. Nada que no valga la pena debe ocupar un espacio innecesario y mucho menos quemar neuronas que podrían estar dedicadas a otros menesteres: como acordarme de comprar olivas, justo cuando estoy saliendo del supermercado.Así que la forma más sencilla para mantener un espacio vacío consiste en apuntar las cosas fuera del centro de almacenaje. En el caso informático eso se traduce en soportes magneto-opticos: CD – DVD. En el caso biológico, se traduce en un escrito sobre un papel arrojado a una bandeja de entrada. Ambas funciones ya son un acto reflejo en mi y todo lo innecesario pasa directamente al archivo, eso si, bien catalogado con las herramientas necesarias.Obviamente, hay momento dónde el sistema de recopilación no aplica y precisamente ahí es dónde llegan las ideas o recuerdos más importantes, dónde nos sentimos obligados a balbucear una y otra vez la misma frase para poder recordarla más tarde y dejar que esta entre en nuestro sistema, con la desesperanza de que seguramente la perderemos por no anotarla justamente en ese preciso instante.Uno de los sitios donde más me llegan esas ideas es en plena ducha. No se que tiene el agua casi hirviendo que provocan que todas las neuronas comiencen a vomitar información y alocadas ideas. Todas ellas acaban desperdiciadas desagüe abajo. Lamentable. Aunque dispongo de varios envoltorios para poder sumergir mi Treo en la ducha conmigo, no he llegado a ese punto de nerdismo. Así que he optado por métodos más sencillos como ya expliqué en su día.Para no olvidar la información es necesario apuntarla y aunque la humedad, el vapor y la propia agua no sean un buen soporte para ello, existen alternativas que nos ayudan, como es el caso de los inocentes juguetes para niños. Unos pinta-pinta (lápices de colores) compuestos de cera que son capaces de pintar sobre la cerámica de la propia ducha-bañera o de los baldosines de la pared, reteniendo la escritura hasta que se limpia con la propia agua y una pasada de la mano.El objetivo queda cumplido: la idea permanece escrita en la propia pared mientras nos duchamos y esta nos ofrece mucho más espacio para seguir apuntando o jugando, todo lo que se nos ocurra y cuando finalizamos la ducha y una vez secos, podemos llevar esos garabatos a nuestro sistema GTD, reconociendo la ducha como una bandeja de entrada más de nuestros sistema.Hoy, escribo este artículo, no sólo para recalcar la necesidad de un volcado total de la información y estar preparado para concebir y albergar nuevas y suculentas ideas, si no para presentaros en vida real, como el sistema funciona y es aplicable. Cuando tienes una necesidad, siempre puede existir una solución que te ayude. Yo he encontrado mi solución.Aquí os dejo la foto del método aplicado y para que os echéis unas risas. :D<center></center>
Publicado el 20091201