La edad no perdona
Está claro, uno se hace mayor a pasos agigantados y ve como avanza las nuevas generaciones. Aún recuerdo cuando era yo el que con airé de prepotencia, rebeldía y tozudez empujaba para ocupar mi camino y ahora veo apoltronado desde mi sitio como existe un cambio generacional que antes gritaba y que ahora me asombra. Me hago mayor o al menos siento que me hago mayor.Lo bueno de hacerse mayor es la experiencia que uno va adquiriendo para modelar su forma de ser, todas esas características que me definían se han amansado con el tiempo o mejor dicho, se han pulido para conformar lo que ahora soy. Algo que tal vez no me hubiese gustado ser cuando era joven, pero que ahora veo con ojos más racionales. Ya lo decía Frank Herbert en su cuarta entrega de Dune (Dios Emperador), Leto escogía a las personas de su mayor confianza de aquellos que eran los más rebeldes, por que eran capaces en su madurez de comprender cuál era la “Senda de Oro”.Volviendo al verdadero camino de este post: me hago mayor. Desde hace una semana y media llevo tratándome una contractura muscular en la espalada por un esfuerzo hecho jugando con mi niño en la piscina, algo de lo que creo que aún soy físicamente capaz, pero que obviamente mi cuerpo decidió todo lo contrario. El resultado fue un día echado en cama y luego a base de pastillas, para lentamente recuperar mi cuerpo. Obviamente con la lista de acciones que debo realizar religiosamente queda apuntada la acción de tomar las pastillas, lista que me sirve para acordarme de esas rutinas que serán hábitos o que al final caducaran con el tiempo.Las semanas pasan y el dolor va decreciendo, no obstante hoy en la oficina me ha comenzado a doler otra parte de la espalda, esto ya comienza a sonar a chiste. Así que he analizado mi postura delante del ordenador y he encontrado algunas pautas que voy a intentar corregir, la comodidad o la mala comodidad me impulsan cognitivamente a sentarme de maneras extrañas, afortunadamente los hay que se sientan peor que yo, me he estado fijando.Después de toda la mañana analizando y corrigiendo mi postura, moviendo el culo, haciendo chirriar a la silla, observando cada movimiento que hacia, al final me he dado cuenta de dónde estaba el error. No era algo que yo hacía o dejaba de hacer, al final la culpa no es mía. Me estaban saboteando cada día un poco más y es que la maldita silla me estaba matando.El respaldo de la misma ha conseguido de alguna forma maquiavélica romperse y cuando me apoyaba para descansar la espalada esta se deslizaba unos centímetros hacia atrás, consiguiendo que no estuviese cómodo y haciendo que volviese a incorporarme hacia delante, cargando la espalda y las cervicales. Mi propia silla.La solución una incidencia a mantenimiento bajo el ultimátum de arreglarla o cambiarla y mientras para parchear, el típico cambiazo a algún compañero, he sido bueno y el compañero está de baja. Ha sido sentarme en el nuevo asiento y notar un alivio salvador de mi espalda, ahora ya sujeta y a salvo con el respaldo.De esta experiencia me llevo varias conclusiones
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---><li>He analizado mis hábitos de posición y he aprendido a sentarme correctamente, he dedicado una lista de control a repasar la posición cada cierto tiempo para crear un hábito.
</li><li>Una vez que el ordenador está preparado, la mesa recogida, las bandejas de entrada funcionando, las interrupciones delimitadas, la agenda clara y los proyectos prácticamente funcionan sólo, siempre queda un mínimo detalle que hemos subestimado y con el cuál no contábamos. Hay que revisar todo el entorno para conseguir estar a gusto. La perfección es un estado de ilusión.
</li><li>Me hago viejo.</li>
</div>Mi espalda se verá salvada con un poco de GTD.
Publicado el 20090902