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Hace dos semanas inicie las acciones para uno de mis proyectos de este año y que es mantenerme en un determinado peso. Como soy un perezoso gandul y mis ansias de azúcar me pueden más que la fuerza de voluntad, me ataqué allí por dónde más me duele: la parte económica y en plena crisis cometí la insensatez de adquirir una máquina de tortura para mi casa: una bicicleta elíptica.
No hay ni que decir que la compra fue hecha un domingo a las 0120h y vaya noche de remordimientos que pasé.Bueno, sea como sea la bicicleta llegó hace dos días, completamente desmontada. Uno que tenía la ilusión de estrenarla el primer día, sólo me pude dedicar a seguir las instrucciones cual mueble de ikea. Me pasé toda la noche cuidando mi inversión, económica y futura física, así que cada uno de los tornillos, tuercas y arandelas fueron colocadas con morboso deleite, esperando poder jugar con ella. Pero ese no era el día.
Después de montar la bicicleta me leí completamente el manual (¿un informático leyendo el manual? no lo digáis muy alto) y me programé en la Treo las sesiones de debo realizar: los primeros días no más de diez leves minutos y cuando mis juntas y mis músculos se acostumbre a algo más que la forma del sofá, podré iniciar las sesiones más fuertes de como mínimo 30 minutos, para quemar más allá de los grasas consumidas en el día. Si a este ejercicio le sumamos un control de lo ingerido, bajándole en azucares y grasas, creo que todo va a ir bien (pensamiento positivo, Alex!).
Ya tengo la agenda preparada, la ropa de deporte junto a la bicicleta y las ganas de subirme a ellas cada día, estoy cumpliendo uno de mis objetivos para este año y doy gracias al GTD por ayudarme con todo ello.
Publicado el 20090129
Categorías: GTD Productividad