Gestión del enfado
Durante el día interaccionamos con muchas y diferentes tipos de personas. En la mayoría de los casos, ese intercambio de emociones resulta nulo: un hola automático al vecino del quinto, un disculpe cuando chocas con alguien en el metro. Otras veces la interacción es un poco más social y establecemos vínculos temporales más dilatados: la cajera del supermercado nos sonríe y le devolvemos la sonrisa, un compañero de oficinas nos pregunta que tal nos ha ido el fin de semana y cordialmente avanzamos un paso más en la relación laboral. Luego nos encontramos con lazos mucho más estrechos: lo íntimos y familiares, esos que no tienen ningún pudor en decirnos a la cara que esos pantalones nos hacen gordos o que nos cuentan con todo detalle como tienen infectada la uña del dedo gordo del pie.Existe una relación que va más allá de todas las externas y es la que tenemos con nosotros mismos. Finalmente nos encontramos sumergidos en los pensamientos y batallamos cada uno de ellos, entre la razón, el corazón y la estupidez. Una relación cultivada a lo largo de los años y que muchas veces ignoramos por no tratarla como se merece. Nuestro yo más profundo tiene su propia personalidad que incluso a veces nos sorprende.Todas estas relaciones están cargadas de más o menos sentimientos y los sentimientos normalmente acaban en roces. Esos sentimientos nos acompañan todo el día y son capaces de destrozar o encumbrar nuestros actos, porque así lo deseamos nosotros. Por ello, nos vanagloriamos de las buenas acciones y nos hundimos con enfado en los peores momentos. Seamos blancos o inocentes, el enfado puede llegar a lo largo del día por distintos caminos.Para este año estoy negociando conmigo mismo una nueva forma de tratar con esta emoción. Se que es algo visceral y que no puedo dominarla con total razonamiento, pero he impuesto un pequeño protocolo para reducir al máximo los efectos secundarios que provoca el cambio brusco y prolongación de esa emoción. Resulta curioso como a lo largos de estas semanas de prácticas, he encontrado el razonamiento adecuado para calmar, en muchos momentos, la tormenta interior. De nuevo GTD, ha estado ahí presente.He tratado a la emoción enfado, como una cosa más que arrojar en mi sistema de productividad. Al fin y al cabo no es más que una cosa a la cual darle forma y encontrar la siguiente acción más adecuada a sus necesidades. Normalmente ese nunca es el momento adecuado para iniciar su proceso, con lo que he erradicado la regla de los dos minutos de este contexto de cosas.Lo que hago ahora es anotar el enfado. Encontrar la razón por la que estoy enfadado de una forma mucho más aséptica, escribiendo en mi recolector y dejándolo reposar en la bandeja de entrada, hasta que llegue su momento de procesamiento. No sólo escribo que estoy enfadado, sino que apunto que es lo que ha causado el enfado, quien lo ha causado (uno mismo puede ser el profeta) y cuáles son las mejores maneras para solucionar el enfado aunque ello sea lo que más cueste. Esta forma de minimizar el sentimiento, consigue una primera calma para analizar la situación y normalmente aceptar la situación tal como es.Luego, cuando llega el tiempo de procesamiento, el papel que contiene el sentimiento normalmente acaba siendo archivado, en una lista de enfados que recoge exactamente los puntos débiles del sentimiento, detectando de esta forma cuales son las situaciones y las personas que provocan el cambio del día. Esta es la verdadera lista a analizar y a superarse.Este es un buen experimento que me está dando buenos resultados. He bajado drásticamente mi nivel emocional negativo y ahora soy mucho más consciente de las emociones que soy capaz de transformar, para no autodestruirme y aun menos dañar la imagen exterior.Y tu, ¿ya tienes tu lista de enfados?
Publicado el 20110105