En tránsito.

Una de las ventajas del GTD es que no se encierra en un espacio físico y puede ser ejecutado en cualquier momento que nosotros lo necesitemos. Es tanta la libertad que uno debe estar preparado en todo momento para realizar algunas de las acciones imprevistas en los lugares más raros. Porque lo que se trata es de ir realizando acciones para conseguir una plena productividad, sin tener que dejar los espacios muertos viendo pasar el tiempo (aunque a veces sea eso lo que necesitemos).Por ello, para conseguir llevarnos el GTD con nosotros hemos de estar preparados para enfrentarnos al medio y las circunstancias, planeando nuestros futuros tiempos muertos y llenándolos con acciones interesantes que lo que permitirán es ir avanzando en nuestros proyectos.Uno de los momentos más inservibles que tenemos a lo largo del día son los desplazamientos. Ya sean en cortos espacios de tiempo en los medios de transporte de masas, como aquellos que nos llevan de una reunión a otra reunión. Esos espacio de tiempo que nunca ocupamos en cosas interesantes y que simplemente nos dejamos llevar para cubrir las distancias. Sabiamente solemos utilizar esos espacios para reposar las neuronas y el cuerpo, por ejemplo yo soy un fan acérrimo de las siestas en los aviones, sobretodo para “recuperar” la integridad física del madrugón o de la trasnochada del día anterior. Es un espacio que utilizo religiosamente para reparar mi estado físico, sabiendo que luego, allí donde vaya tendré la tarea hecha, como por ejemplo, no tengo que preparar la reunión en el avión, por que ya la hice la tarde anterior.Muchas veces utilizamos los transportes públicos para sumergirnos en la lectura imaginativa o profesional, dejando pasar las paradas mientras nuestra mente divaga devorando las líneas del último libro de culto o del informe. Esos momentos donde no necesitamos utilizar nada más de nuestro cuerpo que tener una lectura preparada para distraer nuestra mente y nutrirla con las palabras de otro. Incluso a veces, cuando somos transportados por otros, utilizar ese tiempo para reorganizar la agenda o las tareas, en una corta y rápida revisión.Lo bueno de desplazarse, es que podemos llegar de un punto A hasta un punto B, pasando por C y D. Es la paradoja de la productividad. Si al salir de trabajo (punto A) con ganas de ir a casa (punto B), se que tengo una tarea que es comprar champú y cereales, mi punto C será claramente el supermercado, sabiendo que necesito cuatro tacos y cuatro tornillos para el proyecto: “colocar persiana habitación”, luego el punto D es la ferretería que hay después del supermercado y que me permitirá aprovechar el camino. El objetivo será el mismo, nuestro hogar, pero nuestros proyectos habrán avanzado un poco más.Desplazarse es una de las ventajas de romper con las bandejas de entradas y aunque sea muy tentador revisar el correo con nuestro flamante smartphone, siempre hemos de evitar la tentación de llenarnos con más tareas en un espacio dónde su recopilación y el impacto que puede tener es bastante limitado. Dejemos esa tarea para momentos más indicados, eso no contradice el hecho de poder escribir un correo electrónico deslocalizado, sin esperar contestación del mismo, por ejemplo: enviarnos una tarea para cuando procesemos nuestra bandeja de electrónica.Los desplazamientos y las esperas pueden ser de lo más productivos y por ello hemos de planear antes de iniciar el camino, pensando en unos breves minutos desde donde salimos y hacia donde vamos y si por el camino vamos a poder realizar algunas de las próximas acciones que tenemos en nuestra lista de “En Tránsito”. Esos breves minutos pueden acercarnos un poco más a nuestros proyectos, aunque no estemos obligados hacerlos y simplemente podremos disfrutar de ver pasar a la gente sin sentirnos culpables, reposando mente y cuerpo.
Publicado el 20090518