El placer de olvidar
La productividad es una de esas metas, una de esas ambrosias que todo el mundo aspira, que todos queremos o que algunos falsamente se sientan en ella como el estado armonizado para su falsa verdad. Con suerte, muchas de esas personas siente que su vida mejora, que sus ganas de crear aumentan y quieren seguir progresando mucho más allá en este mundo para enriquecerse con cosas que son totalmente ajenas a lo que ahora mismo ronda por su cabeza.Uno de los caprichos de la productividad personal es el vaciado completo de la cabeza, dejando espacio para todo lo nuevo que nos espera. Si somos adictos a la productividad personal, sabemos que la cabeza es nuestra peor herramienta y que por lo tanto hemos de dejar de utilizarla como centro de almacenaje de las cosas cotidianas.Suena sencillo escrito con palabras, pero resulta extremadamente difícil conseguirlo. Estamos acostumbrados a recordarlo todo y a utilizar nuestro sujeta pelos como parte de nuestras herramientas, un pensamiento implantado desde pequeños y que vamos aleccionando, que no aprendiendo. Pues aunque somos perfectamente capaces de reconocer nuestros errores, el principal, que resulta de sacar las cosas de ahí dentro, continuamos ejerciéndolo.Esto nos deja en un estado de vulnerabilidad entre lo que queremos ser y lo que debemos ser. Yo soy productivo porque así lo escribo y lo demuestro a lo largo del día, sin importar el entorno donde me encuentre y quiero ejercer el derecho de vaciar la cabeza sin tener que recordad cosas absurdas o en su defecto, dar vueltas a la misma idea en la cabeza sin más motivo que retenerla para darle forma.Esta idea absurda de almacenar no es más que uno de los errores más grandes dentro de la productividad, confiando en la propia biología humana aún sabiendo que lo estamos haciendo de forma errónea. Nuestra experiencia nos indica que tenemos mala memoria, que tendemos a olvidar las cosas, las acciones, las tareas, las reuniones, los detalles que no damos insignificancia y que para otros son de máximo valor. Por ello, creo que todos los métodos de productividad personal estarán de acuerdo que el soporte de la información no debe residir en ella y aconsejan utilizar sistemas mucho más convenientes para dejar espacio. ¿Espacio para qué? Para planear y vivir la vida, por ejemplo. Nuestra vida está demasiado colapsada por el trabajo, los niños, la pareja, los asuntos domésticos, la familia y en el más importante: uno mismo. Muchos de esos frentes están bastante olvidados o no les damos la importancia que se merecen. Por ello, si dejamos un poco más de espacio podemos llegar a utilizarlo para satisfacer nuestra propia vida y en consecuencia, las demás facetas.Una de las ventajas de vaciar la mente es que te olvidas con facilidad de las cosas, no te conviertes en una enciclopedia con patas y dejas los datos, los textos, los informes allí donde deben quedarse, en un archivador para un futuro uso. Olvidar todos esos detalles insignificantes no te haces ser menos productivo, todo lo contrario, consigues dejar espacio, como si de un disco duro se tratase.Sacarlo de la cabeza, olvidando no significa que todo está perdido, que tu experiencia vivida no ha servido de nada, por que cuando vacías quitas toda esa inmundicia que colapsa tu mente, mientras que la experiencia, las vivencias se quedan y esa es la señal de alarma que nos permite recordad lo sucedido, los detalles las referencias sabrás que existen, no te acordaras de ellos pero si irás directamente a tu archivo dónde sabes del cierto que ahí está la información.Por eso olvidar es un plato suculento, adictivo. No quiero acordarme de las cosas que no necesito, las quiero fuera de mi cabeza para dejar esta completamente receptiva a lo que está por venir, aprovechándola para disfrutar de mi VIDA. Olvida y se feliz.
Publicado el 20100309