El placer de doblar calcetines

Hace tiempo que llevas practicando GTD, hace tiempo que sientes la sensación de control, la fluidez de las tareas en los diferentes proyectos, te das cuenta como estos van creciendo a medida que les vas prestando atención. Te sientes lleno de energías, te sientes con ganas de realizar más cosas y de seguir aprendiendo este mundillo de la productividad personal, asociada al GTD.Como ya habrás experimentado esa sensación de alegría, el siguiente paso que te viene a la mente es el discurso hacia la gente que te rodea, comenzando por el contrario que tienes en casa: tu pareja, siguiendo por los colegas de profesión, hasta los amigos de cerveza. Los momentos de euforia son impredecibles.Centrémonos en un momento en el contrario que suele vivir parcialmente en nuestro tiempo y al cuál dedicamos más que un tiempo colaborativo. Desde que nos ve comprando un libro de cosas raras, hasta que nos “pilla” adictos al nuevo material de oficina que vamos repartiendo por la casa. Siempre podemos poner la excusa que estamos decorando nuestra casa al más puro estilo 2.0.Luego vienen las explicaciones, que si esto del GTD es “la bomba”, que si nos sentimos más positivos, que si somos más responsables, que si podemos abarcar más tareas, que si no olvidamos nada. Gran error. Desde ese momento somos presas de nuestras palabras y actos, el gusanillo comienza a corroernos por dentro planificando la forma de sumergir a nuestro contrario en este mundillo.Cada individuo es diferente y adornar su caos interior para transformarlo en la perfección que estamos adorando puede resultar bastante irritante y no precisamente para el contrario. Existe un desgaste emocional y físico que comenzamos a ver en el momento que nos volcamos cien por cien en el proceso, sin discriminar la vida laboral de la personal. Las cargas hogareñas comienza a recaer más en uno mismo, que de repente se encuentra doblando los calcetines y calculando que aun da tiempo para poner otra lavadora mientras la secadora acaba el ciclo, esperando poder fregar platos para aprovechar el “tiempo muerto” y descubrirnos a nosotros mismos creando la ruta mental por la casa para optimizar los tiempos y poder, además de guardar la ropa doblada, seguir recogiendo la casa.Una monotonía que se agradece en los trabajos mundanos, pero que al mismo tiempo nos damos cuenta de lo mal repartido que está el negocio. Si antes las tareas domésticas eran propiedad de la mujer (ole mi machismo) ahora son monopolizadas por aquellos varones que encuentran en la productividad de los quehaceres diarios una forma de escapar de los pensamientos más profundos, para encontrar la ideas más claras en un momento de piloto automático.Llegados a este punto comienzan los reproches, utilizamos nuestra productividad para alterar la nueva era de tranquilidad o de desentendimiento de la pareja y comenzamos a planear ideas para involucrarla en el mundo del GTD, si nosotros nos sentimos eclipsados por él, seguro que nuestro contrario también se convertirá.Otro error que nos abofetea con la sencilla idea de si ya lo haces tú, para que tengo que hacerlo yo. Ya de nada sirve volver a repartir las tareas domésticas, nos enfrentamos a nuestra propia dependencia con la enfermedad de realizar las tareas y nos volvemos proactivos para identificar aquellas deficiencias en el propio orden de la casa.Somos entonces víctimas de nuestro nuevo amor incondicional por un estúpido libro que está cambiando nuestro hábitos y a veces hasta nuestra propia masculinidad, estamos tirando por la borda miles de años de sofá, cerveza y fútbol en la tele para ocuparnos de los detalles insignificantes, que ahora ocupan un plano importante en nuestra vida. Lo peor, es que uno se da cuenta de que tan necesarios resultan esos momentos de piloto automático, repartidos a lo largo de la semana, en las tareas que hemos creado y en el orden que repartimos. Nuestra mente GTDniana ya nos impulsa a establecer los principios básicos de recopilar, procesar, organizar… para llevar a cabo las tareas domésticas. Algo tan sencillo como fregar los platos de la cena de hace dos días se transforma en todo un proyecto desde el momento que juntamos todos los cubiertos, todos los vasos, los platos y la ollas, para que de una forma ordenada vayan pasando por el trapo enjabonado. Por dios!!! Somos tíos!!!Tal vez resulta tedioso o aburrido realizar las tareas domésticas, pero si lo piensas mejor, tal vez encuentres el placer en doblar los calcetines mientras piensas en otras cosas mucho más sencillas que no sea: cómo flanquear el foso de caimanes, el muro, el alambre de espino, el campo minado, las estacas de metal que tu contrario va plantando para que no le contamines con esa tontería del GTD, que tan buenos resultados os está dando a los dos.

Publicado el 20091006