Deber querer

Los proyectos y las tareas caen en nuestras vidas de forma arbitraria y a veces por caminos realmente tortuosos, sea por su peso o por su denominación muchas de esas acciones siguientes las denominamos trabajo, mientras que otras son proyectos personales. El ocio es un mundo aparte que no tiene proyecto ni tampoco tiempo. De todas esas acciones somos candidatos por creación o elección, pero en definitiva somos las persona más indicada para realizarlas, aunque a veces nos cueste horrores creerlo.Cuando comienza la tarea, tenemos que afrontarla en el escritorio con todas nuestras herramientas, desde una sencilla llamada de teléfono, hasta la composición de un mapa mental o tal vez la creación de otro subproyecto mientras que en nuestra consciencia estalla las palabras: “No quiero hacerlo”.Esta sencilla y desalentadora frase es capaz de derrumbarnos a favor de la procrastinación, dejándonos llevar por meras distracciones. Somos víctimas de nuestro propio sabotaje, viendo como va pasando el tiempo por no querer realizar la tarea, por que a veces de forma justa, ese trabajo no nos pertoca y por lo tanto viene impuesto por una jerarquía superior o una error que hay que solucionar. Es un campo ideal para procrastinar. Por ello, las tareas deben vencerse con las armas más adecuadas y sobretodo abusando de todo lo que nos ha enseñado GTD. Si algo nos ha enseñado GTD es como aceptar las tareas y como podemos rechazarlas con elegancia, hemos de ser conscientes de lo que aceptamos y de los resultados que pueden esperar de nosotros. Siempre debemos plantearnos la posibilidad de rechazar esa nueva tarea en pro de una persona más adecuada. Rechazar no es un acto de evasión, sino un acto que comporta preocupación y revisión de nuestro trabajo. Es posible que nuestra propia saturación nos obligue a no afrontar nuevas tareas, que nuestra planificación nos indique que existen otros temas más importantes que debemos realizar. Nos preocupamos por las necesidades de los demás, pero hemos de ser consciente que nuestro trabajo, aunque no será perfecto, requiere nuestro compromiso entero. Rechazar la tarea es un acto de profesionalidad.Pero muchas veces nos encontramos que por elección directa somos los responsables de esa nueva tarea ineludible, que es posible que haya pasado por otras manos y con escaso plazo de tiempo para terminarla. Rechazarla resulta inútil, aun exponiendo toda nuestra saturación, toda nuestra revisión y los demás proyecto que claman airados nuestro tiempo, aceptarla es una cuestión de si o si. ¿Recuerdas haber leído el cartel del campo que decía “Campo de minas”?!!! No nos queda otro remedio, debemos realizar la tarea. Suena así de fuerte: debemos. Imperativo, innegociable, sin posibilidad de escape. Son palabras que resuenan en nuestra cabeza, mientras las trompetas de la caballería procrastinación suenan a ritmo de la distracción. Nos hemos metido de lleno en algo que no queremos realizar, que no sabemos por dónde cogerlo y por lo tanto nos puede inducir al pánico profesional y a la inapetencia.El deber nos es nuestro compañero, sino ese látigo que nos fustiga de vez en cuando para desmoralizarnos.Por ello, hay que cambiar el paradigma. Ya que hemos sido víctimas de la tarea, hagamos de esta parte del sistema y reflejémosla como lo que es: una cosa más en nuestra bandeja de entrada. Si realizamos todo el proceso de recopilar, procesarla, organizarla y hacer, el trabajo se convierte en un juego de pasos, que ya tenemos sumamente aprendidos y que comienzan a aparecer como algo visceral.
!!! Cambiar el término deber por querer, es un alentador soplo de energía que nos empuja: “Yo quiero hacer esto”, focalizándote en el objetivo final, viendo como la tarea termina. Sólo hay que construir los primeros escalones con las tareas siguientes y conseguir que nuestra mente deje de pensar en obligaciones, en imposiciones, en delegaciones y pensar en positivo, asumiendo nuevas opciones y caminos para terminar con éxito los trabajos más molestos.No existen tareas molestas, sino tareas que hay que hacerlas y para hacerlas hemos de “querer” hacerlas, tal vez de no muy buen grado, pero si con la vista fijada en todo lo que hemos aprendido desde el inicio y como lo vamos a utilizar para terminar esta tarea. Ya lo dice el refrán: “Querer es poder” y si quieres, puedes superarte en cada reto, en cada proyecto, en cada tarea.

Publicado el 20090727