Código Sustitución
Hoy estaba en una de esas reuniones comprometidas, dónde apenas había espacio entre los tres que eramos. Pocos, pero había cuestiones que hablar y no eran fáciles de tratar. Lo peor era tomar notas de lo que estaba ocurriendo, notas de las acciones a tomar, de los propios pensamientos, de cosas que no deben confesarse a los ojos de demás. Pero los ojos son demasiado rápidos y se escapan y han aprendido a leer al revés, en las hojas ajenas. Saben como son las formas de las letras y tienen tiempo suficiente para divagar en los apuntes, en las notas, meterse en la mente ajena. A veces se apoderan de información que no deberían y nos sentimos como en colegio cuando no permitirnos que nuestros compañeros copiaran nuestro trabajo, ahora en el mundo adulto, mucho más expuestos.Si de algo me precio, es de ser un auténtico friki y como tal, puedo hacer uso de mi etiqueta social en el momento que más lo necesite y la reunión de esta tarde, era uno de esos momentos. Para sentirme seguro, para sentirme tranquilo, tomar las notas necesarias sin importarme las miradas indiscretas, jugando con el adversario que con estupor no acertaba a comprender lo que estaba pasando en frente de sus ojos.Ahí estaba yo, sentado en mi silla, con el poco espacio de mesa que compartíamos los tres, tomando notas comprometidas con la tranquilidad de tener la hoja abierta sobre el conglomerado de madera y el bolígrafo bailando sobre el blanco papel. Sin tapujos, sin pudor, con valentía, por la sencilla razón que lo que escribía sólo lo comprendía exclusivamente yo.Mis notas son sencillas, tal como las pensaba mi mente las traducía, un sencillo código de sustitución que aprendí de adolescente, algo que utilicé en la escuela para pasar el rato y luego lo implementé incluso en código ansi para cambiar las fuentes de letras del OS DOS. Incluso llegué a trabajar una temporada con fuentes TrueType que yo mismo me había creado para que nadie pudiese leer mi pantalla.Así que hoy, estaba escribiendo en código, un código que sólo yo conocía, un hábito que mi mente ya estaba acostumbrada y con un mínimo esfuerzo era capaz de reconocer las letras que dejaba impresas en el papel. Esto es un truco que utilizo de vez en cuando, cuando no quiero que mi interlocutor lea lo que estoy escribiendo y hoy he vuelto a utilizarlo para salvaguardar mi intimidad.Seguro, que alguno de vosotros os habéis sentido identificados con la escena y habéis tomado alguna extraña posición para que vuestro interlocutor no leyera lo que escribíais. Yo, simplemente ya no tomo ninguna medida de seguridad, gracias a la creación de un hábito, puedo expresarme con total libertat. Llamadme friki si queréis, pero yo si entiendo lo que escribes, incluso al revés, ¿puedes tú decir lo mismo?
Publicado el 20100519