Apología a los proyectos

La gestión de los proyectos reclama nuestra plena atención en los momentos en los cuales nos dedicamos a realizar las acciones. Pasamos gran parte de nuestro día saltando de un proyecto a otro, haciendo que estos avancen, dependiendo de la capacidad que tenemos para resolver las diferentes acciones y la dependencia que tenemos con las acciones que restan delegadas o a la espera. Un proyecto avanza y se para varias veces al día, tiene su propia e incompresible vida, la cual debemos cuidar y mimar.Los proyectos son nuestros deseados sueños y alguna que otra pesadilla, son propios o son ajenos, pero están en nuestra lista por la razón que sea. Los hemos recopilado, procesado y han acabado en nuestro sistema de organización para al cabo de un tiempo dedicarles tiempo en la revisión semanal.Los proyectos son nuestros “niños” que debemos cuidar y mimar, desde su concepción inicial, hasta el momento en que son tachados de la lista, si algún día tenemos ese privilegio. No importa si es nuestro proyecto o el de un compañero, no importa si nos morimos por hacerlo o sufrimos de inapetencia, si es un marrón en toda regla o si son apenas dos minutos de ejecución. Está dentro de nuestro ámbito de responsabilidades, dentro de nuestra lista de proyectos y como tal debemos tratarlos con todo lo que se merece.Nuestro sistema se pone a prueba cada vez que un proyecto entra en nuestro ámbito, desde el momento inicial en que nos debatimos entre aceptarlo o rechazarlo. No entran en nuestras vidas de forma solitaria, si no que van acompañados de diferentes acciones que engordaran nuestra lista, incluso en el momento de su finalización, esa falsa sensación de que hemos acabado con ellos, cuando realmente debemos darle un seguimiento posterior.Al final, los proyectos sólo son una etiqueta para designar un conjunto de acciones que debemos realizar, un agrupador de esfuerzos, algo intangible que puede transformarse en realidad para nosotros mismos o para quien nos la ha delegado, pero es un indicador de nuestros trabajo, que nos mantiene alerta en nuestro nivel de productividad.Afortunadamente los proyectos sólo tienen dos estados o estamos activos con ellos o tiene que pasar a la lista de “espera” en “Algún día/Quizá”. Esta sencilla combinación, nos permite centrarnos en lo que realmente importa en cada momento y desarrollar los proyectos en los que debemos enfocarnos. ⚠ <b>Recuerda:⚠ </b><li>Los proyecto vienen a nosotros de forma inesperada, el primer paso es asumir la responsabilidad de aceptarlos o rechazarlos.</li><li>Si los aceptamos, debemos iniciar el proceso de GTD para establecer las acciones oportunas (acciones siguientes, incubar, algún día/quizá)</li><li>Hay que revisarlos para que no estén desatendidos, cuidando sus necesidades.</li><li>Cuando finalizan, aún debemos realizar alguna acción de mantenimiento o de seguimiento, para asegurarnos que realmente finaliza con toda nuestra profesionalidad.</li>

Publicado el 20091104